miércoles, abril 01, 2009

Marcando paquete

La publicidad es el segundo presupuesto mundial, sólo superado por el militar, lo que se podría discutir si tenemos en cuenta que los militares utilizan una buena cantidad de publicidad.
Primer fue un anuncio “anónimo” sobre un clavo de mala calidad que aguantaba mal una herradura y entonces un caballero se quedaba sin poder ir a la guerra y entonces el reino se iba a la mierda porque el clavo no era ni Nike ni Dolce & Gabbana. Personalmente, soy republicano.
Después fueron la Danone y similares que después de sus anuncios recalcaban que ellos no fabrican sus productos para otras marcas. Como por ejemplo Actimel, aquél derivado láctico con fermentos que no tiene ninguno de los efectos beneficiosos que utilizan para promocionarlo.
Ahora Cuatro y Telecinco airean espots donde dicen que están al lado de las marcas de toda la vida. Sí, las mismas marcas a las que facturan anuncios de toda la vida.
Tocacojones varios… Hacendado ES una marca. Buena, bonita y barata.

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jueves, marzo 05, 2009

Venía por lo del bodorrio (Full Pepito)

Finalmente conseguí llegar a Valencia City y meterme en un coche repleto de colegas. Me habían venido a buscar en un Porsche (fíjate tú), pero habían cometido la irresponsabilidad de dejarlo en manos de Tron y por lo tanto la cosa podía acabar con un desenlace muy RENFE.

Tron es muy buen chaval y mejor persona, hasta se podría comentar que como está estudiando para pilotar aviones es una persona indicada para llevarte de un punto A a un punto B, pero argumentar esto sería... Porque Tron es muy buen chaval y mejor persona, pero a veces le gusta copular con coches. Mira tú, de vez en cuando los coches de delante se paran, por razones tan sorprendentes como pueden ser los semáforos en rojo o los pasos de peatones, pero Tron lo ignora y usa su propio coche cual dildo herculiano para encularlos con ganas. Simplemente dice que no los ve. Un coche. Grande. Con cuatro ruedas y tal. No se da cuenta de que paran.

Yo ya le tengo dicho que se podría tomar unos cubatas antes de hacerlo, o esperar a algún día con niebla, para tener como mínimo alguna excusa para contar a los polis, pero él dice que no se avergüenza y que además si lo hiciera cuando ha bebido lo tendría que hacer demasiado a menudo.

Gracais al prodigioso ABS del Porsche llegamos a can Bakerin con algún incidente pero sin ningún accidente, con el tiempo justo de comer algo antes de engalanarnos y ponernos en bodorrio mode. Un síntoma inequívoco de que la cosa empezaba a mejorar era que la madre de Bakerin nos había hecho pepitos para comer.

La cocina valenciana está llena de tópicos, pero por alguna razón el pepito es una delicia olvidada. Cuando aún no hacía ni un año que conocía a Barkerin y estábamos compartiendo habitación en la mítica Bowden, después de ir de visita a Valencia se presentó con un tupper aceitoso que su madre le había preparado para sus amigos de Londres. El pepito es algo así como un poco de pan de briox/pan de leche/pan de frankfurt relleno con una samfaina valenciana, pintado con huevo y frito. Evidentemente después de comer tres o cuatro te estás un par de días sin hacer aquello que comentan tanto en los anuncios de Activia con bífidus activo, pero vale la pena.

Masticando aún el último pepito me vestí, preparé el equipo y me dispuse a empezar a fotografiar a Bakerin en pleno ritual de noviotización, pero entonces él me señaló el cuello y me preguntó dónde coño estaba mi corbata. Concretamente estaba en Barcelona, en el tercer cajón para más detalles, y es que había decidido hacer un Lauren Postigo y no llevarla. Por desgracia ni Bakerin ni ningún otro tío de la boda estaba al corriente del tal Lauren. Suerte que mi madre me había hecho desistir de la idea de calzarme las bambas y había llevado los zapatos normales, que Emilio Aragón tampoco les debía sonar demasiado.

Tampoco había para tanto, que a mí también me decepcionó que en el menú del banquete no hubiera ni paella ni horchata y no dije nada, aunque hay que decir que como testimonial representación autóctona los invitados se aseguraron de que hubiera arroz a tuttiplen para recibir a la pareja ya casada. De hecho el lanzamiento de arroz se convirtió más bien en un concurso para ver quien acertaba más veces a Bakerin con la boca abierta. Es lo que pasa cuando la gente lleva a la paella en las venas y cuando tus amigos son más putas que los de la novia. Aún gracias que se reprimieron y no lanzaron ni escamarlanes ni bajoquetes. Ah, y tampoco hubo ningún show con asno en todo el día, pero eso ya me lo esperaba.

Al final todo fue bien, yo me tuve que estresar un poco con las fotos, sobretodo gracias al pavo que hacía el vídeo, que aunque era una bellísima persona no paraba de tocarme los webs con su luz anaranjada y con su manía para pedir posados a los novios que simplemente llamaremos “de estilo clásico”. También me estresé un poco con la señora de edad avanzada que se me acercó hacia el final de la noche y me dijo, a una distancia mucho más corta de la estrictamente necesaria para una correcta audición, “Hazme una foto donde salga guapa, muy guapa, muy guapa, que quiero regalársela a mi novio”. Supongo que debe ser el mismo tipo de estrés que nuestro señor sentía cuando le pedían que multiplicara los panes o caminase por encima del agua. Yo simplemente decidí que era el momento de guardar el equipo y coger una copa.

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Venía por lo de la mamada (Intro)

Venía por lo de la mamada (Full Guateque)

Venía por lo del bodorrio (Intro)

lunes, febrero 16, 2009

A robar carteras

Cuando abandoné mi pueblo natal para ir a Barcelona me di cuenta de que Can Fanga era un pueblo demasiado grande para ir a todos lados a pie. Aunque en aquellos tiempos los barceloneses aún tenían que descubrir que el carril bici era algo más que una zona de carga y descarga para taxis, yo en mi clarividencia rural vi la solución a mis problemas. A pesar de tenerme que adaptar a la dictadura de un ingenio curioso llamado semáforo, la bici se convirtió en seguida en mi Rocinante fiel.
Por desgracia mi bici de marca desconocida pero con una inscripción muy guay que decía “Top Bike”, cayó en las garras de algún cabronazo que me la chorizó del parking de la universidad. El único consuelo que me quedó era que como siempre le quitaba el sillín, de hecho alguna gente me conocía como “el que siempre lleva un sillín en la mano”, quizás el chorizo en cuestión sufrió algún incidente relacionado con esto.
A los dos días ya tenía otra bici comprada a un compañero de teatro, que me duró hasta que otro chorizo sodomita se fijó en ella. Después de eso pensé que tenía que poner freno a mi colección de sillines de bici. Fui al Pro Bike, me gasté los cuartos en una bici guapa y después me hipotequé para comprar los dos candados más bestias que encontré. La idea es que, hagas lo que hagas, toda bici se puede robar, pero digamos que con el tiempo y el esfuerzo que requiere rebentar mis candados sale más a cuenta ir a pispar otra, preferiblemente con sillín.
A pesar de tener que ir carreteando a todos lados el peso de la tranquilidad, el nuevo sistema dio buenos resultados. Aun así, a menudo solía hablar con nuestro señor para pedirle que velara por la bici y que sobretodo no permitiera nunca que pillara a un pispa in fraganti, ya que llegado el caso se va aver un fojón que no sabe ni dooonde sa metio. Hace cinco días nuestro señor decidió divertirse un poco.
Yo iba a coger la bici, encadenada a una farola, cuando me di cuenta que había un sujeto mirando la bici. Ralenticé el paso y, efectivamente, el pavo se agachó y empezó a chafardear con el candado.
Muchas veces, después de dejar mi apreciada Merida con suspensión, portaequipajes, manillar de doble altura, sillín de gelflex recubierto con una funda extra, timbre (de los de verdad, de los que hacen ring-ring, no de los que hacen ping-ping), smartled rojo posterior con 180º de cobertura, cat eye blanco frontal y reflectores de los colores correspondientes cubriendo los 360º… a menudo digo, después de dejarla atada a alguna farola, pensaba en cómo me gusta y en cómo me jodería perderla. Lo cual me llevaba a pensar cómo reaccionaría en caso de pillar al pobre infeliz que lo intentara.
En mis pensamientos los pispas siempre eran tíos muy chungos, que robaban bicis los días en que hacían fiesta de vender droga y extorsionar putas, y entonces yo llegaba por detrás, les daba un par de leches por sorpresa, decía alguna frase original y después la poli me daba una medalla y el pispa quedaba traumatizado y se hacía monje o algo.
En cambio llegado el momento, aunque me iba acercando al cabronazo que me quería robar la bici, no acababa de ver claro eso de reventar al pobre desgraciado. De manera que opté por pasar directamente a la segunda parte y decir la frase original.
En estos casos, y sin haberlo preparado, la elocuencia no es demasiado acertada y lo único que se me ocurrió fue un Qué, ¿quieres que te eche una mano, cabronazo? Evidentemente el tono debía ser irónico e intimidatorio, pero no lo debí acabar de acertar porque el pispa se levantó y se quedó mirándome con cara de preocupación, pero más bien porque parecía que se pensara que efectivamente le quería ayudar y él no tenía ningunas ganas de partirse el botín.
Como el pispa me seguía mirando pensé que se esperaba alguna explicación más por mi parte, de manera que le aparté de la bici al mismo tiempo que le decía “ ¡Que no me robes la bici, cojones!” en un tono Barrio Sésamo de lo más didáctico, para que le quedase claro que efectivamente era el propietario y robar bicis es malo.
El empujón que le di era de buen rollo, para que hiciera un paso atrás, entendiera el mensaje y se fuera. Digamos que no tenía ningunas ganas de que el señor ladrón se sintiera lo suficientemente ofendido como para decidir pelearse, de manera que la idea era que el empujón no degenerase en nada más. Pero el señor ladrón además de ladrón era un poco friki y en lugar de dar un paso atrás y ya está empezó a dar pequeños saltitos y a perder el equilibrio progresivamente. Recorrió unos dos metros así, tiempo en el que yo tuve tiempo de pensar “Ay, pobre hombre pero ¿qué hace?”, “Ay, a lo mejor le tendría que ayudar, que parece que se va a caer de culo“ y “Qué cojones le voy a ayudar, ¡que me quería robar la bici!”.
Efectivamente acabó en el suelo, pero entonces ya estaba claro que como mínimo no teníamos que preocuparnos por si se ponía violento. Y volvíamos a estar igual, él mirándome como esperando que dijera algo y yo preguntándome porqué cojones no se iba de una vez en lugar de quedarse a escuchar mis consejos.
Y yo, en un estallido de elocuencia “¡Que no me robes la bici coño!” y él, en una demostración de moralidad “Bueno, bueno, que a mí ayer también me intentaron robar la mía y yo no me puse así”. Perfecto, además de tener reflejos es catedrático de ética y filosofía.
Supuse que era inútil entrar a discutir la lógica de lo que me acababa de decir, asumí que era verdad y que el pobre al ver que le robaban la bici sólo había dado unos pasos atrás para acabar cayendo de culo, y me limité a ser simple y directo “Pues mira, a mí me toca la pera que me intenten robar” y el muy cabrón me respondió “Vale, vale, pero no me empujes ¿vale?” como si yo estuviera siendo muy mal educado.
Como evidentemente no me apetecía sentarme a discutir tranquilamente el asunto, que parecía ser el que esperaba, le dije que se fuera a cagar y me puse a desencadenar la bici para irme. Él se levantó y se volvió a quedar de pie como preguntándose donde tenía que ir a cagar exactamente, y mientrastanto yo le iba controlando de reojo por si sacaba un hacha o algo. Hasta que no le dije “¡Que te vayas coño!” no le quedó claro que ya tenía permiso para irse.

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martes, enero 13, 2009

Venía por lo del bodorrio (Intro)

De todos es sabido que los fabricantes de salchichas de frankfurt y los fabricantes de panecillos para frankfurt tienen un pacto secreto según el cual los panecillos siempre se venden en bolsas de séis pero las salchichas sólo en paquetes de cinco. Qué panda de cabrones.

Esta estrategia va encaminada a hacernos entrar en un bucle consumista que nos obligue a comprar más salchichas y panecillos para intentar llegar a la paridad. Una estrategia muy bien pensada en algún despacho de aquellos donde hacen brainstormings y otras mariconadas, si no fuera porque es más fácil coger Nocilla y hacerte un bollycao casero con el sexto panecillo y ya está. De todas maneras supongo que esto más que una victoria de la inventiva ciudadana es un éxito de la Nocilla, que debía hacer otro pacto aún más secreto con los de los panecillos a espaldas de los de las salchichas. Qué panda de cabrones.

Lo que no es tan conocido es que los fabricantes de maletas y los fabricantes de cosas tienen un pacto parecido. No sé bien bien cómo funciona exactamente, pero el hecho es que las cosas no acaban de encajar nunca dentro de la maleta. En mi inocente juventud intenté paliar el problema a base de coleccionar maletas y bolsas de medidas y formas correlativas, pero esto evidentemente no solucionó nada, porque los fabricantes de cosas siempre van un paso adelante para que la maleta que ya tienes no te sirva. Qué panda de cabrones.

La cuestión es que yo iba a Valencia para tres días, de manera que me hacía falta poca ropa, pero iba para la boda de Bakerin y L (esposa en prácticas, supongo) y además era el fotógrafo, o sea que también tenía que llevar el traje y el equipo. Esto de entrada ya comportaba llevar el traje a parte en una bolsa de esas especiales para que no se arrugue, y para el resto entraba en juego el pacto maleteros/fabricantes-de-cosas.

Si utilizaba una maleta lo suficientemente grande para el trípode de todas maneras no era lo suficientemente ancha para poder meter la bolsa con el equipo fotográfico, y si utilizaba una maleta lo suficientemente ancha para todo entonces con la poca ropa que tenía que llevar no la acababa de llenar y todo corría peligro de acabar mezclado y chafado. Además mi bolsa super guay para llevar trajes, que me había regalado mi tía y que no me había hecho falta nunca antes, se ve que estaba dotada con un dispositivo que la teletransportaba a otra dimensión en caso de que te hiciera falta. De manera que acabé con la ropa en una maleta pequeña, el trípode atado precariamente a la maleta, la bolsa con la cámara colgada a la espalda y con la mano libre aguantando una percha con el traje cubierto por un plástico cutringui del todo a cien.

A base de hacer un tetris in progress con mis cosas conseguí llegar hasta el tren, me puse cómodo y me dormí con la tranquilidad que da saber que una vez en Valencia me vendrían a recoger a la estación y ya no tendría que pasar más penurias. Pero no conté con que estaba viajando con la RENFE.

Me desperté en una estación, pero con la preocupante sensación de que había dormido menos de lo que hace falta para llegar a Valencia, y es que estaba en Castellón, la vía estaba cortada y el resto del trayecto lo teníamos que hacer en autobús. La explicación oficial era que un tren de mercancías había descarrilado… días más tardes me enteré que la realidad era que Efak había pasado por el mismo sitio hacía unas horas (que aquél día las bodas estaban de oferta) y había hecho alguna gamberrada. Volví a montar el puzzle del equipaje y me puse a hacer una hacer cola para el autobús. Evidentemente llovía.

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Venía por lo de la mamada (Intro)

Venía por lo de la mamada (Full Guateque)

lunes, enero 05, 2009

Feliz año y tal...

Estimados colegas, la temporada de turrones ya se acaba y no quería dejar pasar la ocasión para hablaros de mi gran descubrimiento. La eco-bola irisana, una bola de plástico con cerámicas que limpia la ropa sin necesidad de detergente. Incredible but ciert, lo he probado y funciona, es más, deja la ropa aún más limpia y con colores más vivos y ¡sin generar fosfatos ni cosas oiga! Ale, a dejar de gastarse el dinero en detergente, que es mejor para el mundo mundial y para tu bolsillo. Available en herboristerías y tal (y no, no voy a comisión).

A parte de esto he comido muuuuchos dulces y hasta quedé con Bakerin y L, que tuvieron la gentileza de perder un vuelo a NY y comprar otro para el día siguiente desde Madrid, donde me reuní con Amparo y Conejito y los dos invitados espontáneos. Evidentemente me supo mal por ellos, pero también me hizo mucha ilusión.

Sea como sea, que tengáis un 2009 la mar de guay, y espero que no tengáis la misma maldición que yo y que los reyes os traigan cualquier cosa menos pijamas.

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jueves, diciembre 25, 2008

Ordenatas para el cole

Cada día se toman millones de decisiones. De hecho cuando iba a la uni participé en un estudio sobre la materia en la que cinco veces al día te mandaban un sms y entonces tú tenías que anotar la última decisión que habías tomado. Evidentemente era un experimento remunerado. Una parida de experimento remunerado para ser exactos.

Anteayer tomé la decisión de ir a comprar Quelys para merendar. Siempre que voy a Mallorca aprovecho para comprar unas cuantas bolsas, y siempre que lo hago pienso que es una tontería porque las Quelys se comercializan en todo el reino de España, pero por alguna razón sólo pienso en comprarlas cuando estoy en la roca. Excepto anteayer, que tomé una decisión.

Sentado delante de la tele abrí una bolsa, abrí la boca y entonces empecé a masticar algo que recordaba en forma y gusto a una Quely, pero no exactamente. Definitivamente las recordaba diferentes, seguramente porque los Quelys que yo recordaba no llevaban dos meses caducados.

De manera que tomé la decisión de volver al Condis. Cuando entrabas a trabajar al Pret lo primero que te decían es que si algún cliente encontraba un producto caducado tenías que llamar al manager inmediatamente para que le hiciera una felación y entonces tú tenías que coger uno de los látigos especiales que había para estas ocasiones y empezar a flagelarte. Yo no tenía ninguna intención de que aquella pobre gente sufriera ningún daño, de hecho viendo el panorama el tema de la felación tampoco me hacía demasiada ilusión, yo lo único que quería era merendar Quelys. Intenté hablar con la cajera con una mirada de aquellas de intentan transmitir complicidad, una mirada de buen rollo, una mirada de “tranquila, que yo también me he encontrado en tu situación”. A la que me correspondieron con una mirada de “me importan una mierda tus Quelys de los cojones”.

La Yoli le chillo a la Yessi que dónde estaba el Yonny, y la Yessi le contestó que reponiendo y entonces la Yoli me dijo que fuera al fondo del súper y que “se lo cuentas al chico”. Evidentemente pasé de todo y fui directamente a la estantería de las Quelys, donde al cabo de unos minutos apareció el Yonny preguntando que qué pasaba. Hombre, pasaba que todas las bolsas llevaban un par de meses caducadas a excepción de las tres del fondo que sólo llevaban uno y medio. Aquél Condis era un puto geriátrico de Quelys, de hecho casi me sentía obligado a tratar a las bosas de usted, de hecho si algún día me encuentro una bolsa de aquellas en el bus me levanto y le cedo el asiento.

Finalmente me tuve que conformar con un paquete de MarieLu y unas Artiach como substitutos y fui a encontrarme con la Yoli de nuevo, que no me reconoció y me intentó cobrar y entonces yo me tuve que identificar como “el de las Quelys”, posiblemente una de las maneras más estúpidas de presentarse. De todas formas la Yoli consideró oportuno cobrarme y después devolverme el dinero de las Quelys, unos 2,99 euros exactos que ella se preocupó de darme con la mayor cantidad posible de monedas de un céntimo. Evidentemente de la felación ni hablar.

Cuando me fui nadie se había molestado a retirar las Quelys de la venta, supongo que se debían quedar allí hasta que algún autocar del inserso viniera a llevarlas a Benidorm.

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lunes, diciembre 15, 2008

Por la gloria de mi madre

El hijo de los vecinos de mi madre tiene siete años y hace sudokus por hobby. Supongo que esto, más que en superdotado, lo convierte en una aberración de la naturaleza. Además se ve que este verano, el último día de cole de camino a casa ya sacó el cuaderno de ejercicios y se puso a trabajar en el autobús. Lo que le sitúa en alguna categoría próxima al anticristo.

El otro día pillé al Damien en cuestión en casa y sorprendentemente estaba jugando a la Nintendo DS, una actividad que no requiere complicadas operaciones matemáticas y en la que consecuentemente era un petardo. Al ver que estaba jugando al Súper Mario le empecé a explicar emocionado que de pequeño yo también jugaba y él me dedicó una mirada como la que haría yo si algún día mi abuela me explica que de joven fumaba porros. Indignado y con ganas de dejar las cosas claras sobre mi gran superioridad en la materia le pedí si le importaba dejarme intentar jugar una partida. Jur, jur, jur… te vas a enterar mequetrefe.

El muy inconsciente me empezó a dar indicaciones de cómo funcionaba el videojuego sin soltar la consola, y yo cada vez más impaciente le iba estirando de las manos y diciendo que ya sabía cómo iba. Sabes porqué sé que sólo hay un botón para saltar y otro para correr deprisa/disparar? Pues porque este juego nació en una consola que SÓLO tenía dos botones, pero eso fue antes de que tú nacieras, cacho rookie! Además, el muy inculto me decía que si cogía una flor Mario se volvía “panadero” y entonces lanzaba bolas de fuego. No sé en qué momento las nuevas generaciones decidieron que Mario cambiaba de profesión, porque Mario es lampista y basta, lo único que pasa es que si toca una margarita se vueve pirómano, pero continúa siendo lampista.

Finalmente me pasó la Nintendo y por el poder de Greyskull empecé la partida, cogí todos los champiñones y florecillas de los cojones, entré en el castillo hortera y aplasté a la tortuga punkie gigante. Chúpate esa mini-friki sudokero, cuando yo diga algo de Mario tú di amén.

Le devolví la consola y le dije que algún día igual le enseñaría a jugar al Street Fighter, a lo que volvió a poner una cara de no entender de qué hablaba. Pobrecillo, seguro que ni sabe quién es Daniel San ni los Goonies ni nada, pero como mínimo ya tiene claro que la experiencia es un grado.

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jueves, diciembre 04, 2008

Venía por lo de la mamada (Full Guateque)

El problema de las promesas es que pueden no cumplirse. A lo mejor fue la madurez o algo asín, pero me parece que la cosa no fue excactamente por donde debía ir. Personalmente mi referente más inmediato por lo que a despedidas respecta es la peli aquella de Tom Hanks donde tenían una suite de hotel con doscientas personas, la mitad de las cuales eran mujeres públicas y una de ellas intentaba reproducirse con un asno que acababa muriendo de sobredosis y depositado en el ascensor del hotel patas arriba. Pero se ve que nuestro presupuesto no daba para ganado. Ni para asnos. Ni ninguno de los amigos de Bakerin era el Guerrero Americano.

Como las tradiciones son las tradiciones, la cosa empezó vistiendo a Bakerin con unas mallas negras, unos calentadores, una camiseta con el lema “Venía por lo de la mamada”, una peluca afro y unas gafas de Rappel. Llámanos originales. Y entonces empezó un largo peregrinaje hasta un recinto ferial, en algún sitio remoto de Hospitalet, donde Bakerin tenía que hacer su entrada triunfal en un festival erótico. Dile erótico, dile porno.

Al final la entrada no fue tan triunfal porque al cabo de media hora de dar vueltas perdidos por Hospi Bakerin había decidido dejar su uniforme y convertirse en normal. Más o menos entonces decidí aceptar la idea de que nadie intentaría follarse a un asno.

El festival, la vedad, me lo imaginaba más grande. Todo y con eso fue mi primer encuentro con el porno en vivo y curiosamente descubrí que, aun y ver dos chavalas rellenándose mutuamente con artilugios varios, más que morbo me hacía gracia. El porno se puede consumir de muchas maneras, pero definitivamente rodeado de señores con cámara de vídeo y dudoso interés cinéfilo no es mi preferida. Siempre me ha hecho gracia la gente que sigue el fútbol pero que nunca juega, y me parece que en aquél festival pasaba más o menos lo mismo.

Después de dos horas de ver aeróbic non-stop todos estábamos un poco saturados, por no decir aburridos, y yo había preguntado y me habían dicho que no había ningún equino en el programa, de manera que decidimos irnos a otro sitio donde, a parte de mirar, pudiéramos mojar.

Pero antes de llegar al restaurante teníamos que escapar de Hospitalet, encontrar la parada de metro y superar el efecto “ostia, es que de día el camino se veía diferente y había menos gente con cara de asesino por la calle”. Todo el mundo tenía su opinión sobre cuál era el camino a seguir, pero a Tron se le había metido en la cabeza que el Norte en realidad estaba hacia el Sur y promocionaba su candidatura con frases tipo “¡Hacedme caso coño! ¡Que si me sé orientar a 10.000 pies de altitud como queréis que me pierda aquí!” La cuestión es que aquella mañana Tron al entrar en la Plaza Real había comentado que aquello era Plaza Cataluña y que Montjuic estaba a dos calles, de manera que optamos por ir en dirección contraria de cualquier indicación que hiciera él y llegamos al metro a la primera.

Los colegas de Bakerin habían planeado la despedida de soltero en plan sorpresa, y para que todo fuera como más sorpresa aunque la despedida se hacía en Barna la gracia es que todas las actividades se hacían a tomar por culo de Barna. Directamente no recuerdo en qué término municipal estaba el restaurante, pero un poco más allá se acababa el universo y el tiempo y el espacio se transmutaban y tal. Como único referente geográfico puedo decir que la camarera vivía en el Prat, supongo que en algún avión. Era amiga de la Jopelina (novia de Jope) y nos dio un trato la mar de personal y simpático. Nosotros le correspondimos decidiendo que debía ser lesbiana basándonos en que llevaba el pelo corto y que utilizaba el pronombre “neng” y el adverbio “ejque”.

En los postres una vez más cayó en mí, en calidad de autóctono, la decisión de ver donde coño íbamos. Lo primero que había pensado había sido llevarlos al Arena, básicamente para explotar un poco más la camiseta tuneada de Bakerin, pero como la camiseta no había durado ni media hora, la cosa ya no tenía tanta gracia. A Tron y a Gestor se les había metido en la cabeza ir a un puticlub “pero sólo para tomar una copita”, pero por suerte la camarera nos dijo que conocía una disco en Barna y, más importante, que nos llevaba en coche, de manera que acordamos esperar a que acabara el turno en un pub al lado del restaurante.

No recuerdo cómo se llamaba la discoteca donde acabamos, sólo que estaba delante del CaixaForum, que era la mar de pija y que estaba tan vacía que no se podía permitir el lujo de vetar la entrada a un grupo de mataos que no calzaban náuticas. Con respecto a la camarera, aunque el vocabulario segúa igual, al salir del restaurante había pasado por una Corporación Dermoestética a ponerse unos implantes o algo. La cuestión es que decidimos que con botas y camiseta ajustada ya no era lesbiana. Tampoco es que ninguno de nosotros lo pudiera confirmar.

En la discoteca no había demasiado que hacer. Podías escoger entre mirarle las tetas a la camarera heterosexual o mirarle las bragas a la gogo, que estaba convenientemente vestida con minifalda y situada en un podio excesivamente alto. El resto de la discoteca estaba ocupada por siete niños de 12 años que venían de una boda (osea enlace) y no había ningún indicio de asnos, caballos o similares.

No me quejo, fue un buen fin de semana entre colegas y nos lo pasamos de fruta madre, de hecho me parece que lo tendríamos que haber planteado así al principio. De todas maneras supongo que cuando se case Tron ya iremos con su avión a Tailandia o a algún otro sitio donde las leyes de protección de los animales sean convenientemente ambiguas.

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Unintentional porn?

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Venía por lo de la mamada (Intro)

Venía por lo del bodorrio (Intro)

Venía por lo del Bodorrio (Full Pepito)

viernes, noviembre 28, 2008

Venía por lo de la mamada (Intro)

En principio tenía que ser en Valencia, y yo ya había dicho que pasaba (vil metal), pero entonces uno de los amigos me llamó para decirme que la despedida de soltero de Bakerin sería en Barna. Si Mahoma no va a la farra, la farra va a Mahoma.

Me hizo ilusión. No había estado antes en ninguna despedida y tenía un gran interés antropológico en el evento. Es como el primer Gran Hermano, que lo miré únicamente porque era un experimento sociológico innovador... con cámara en las duchas.

La cosa prometía, porque Tron, que también se apuntaba a ir de putas, me juró y perjuró que la trupe de Bakerin eran una panda de desfasados y tronados con mucho potencial. Y si Tron usa esos adjetivos es como si Freddy Krueger te dice que tiene pesadillas con un tio muy feo.

Yo ya conocía algunos de los componentes del equipo Bake que nos habían visitado en Londres, pero estaba muy intrigado por conocer al resto, de los cuales Bakerin me había contado varias historias.

Ryu: Un amigo del cole y compañero de Karate de Bakerin, que de pequeño además de practicar artes marciales estuvo tan enganchado al Street Fighter II que se quedó para siempre más con el mote.

Cualquier otro parecido con el original es anecdótico.
Jimmy Limón: (Limón a secas para los amigos) Tron y él se admiran mutuamente de la capacidad y posibilidades de sus respectivos conductos arteriales, venosos y/o nasales. Están enamorados desde que, en las Fallas pasadas, se confesaron que de pequeños ninguno de ellos necesitó nunca agua para consumir la leche en polvo y que en el cole los dos se hicieron famosos para dejar la pizarra limpia sin usar ni el borrador ni las manos.

Aparentemente su apodo es simplemente una referencia a su falta de peinado.

Spencer: El hermano pequeño de Bakerin, que no sólo admira a Bud Spencer sino que además se le parece (si obviamos el hecho de que a su edad Bud era nadador olímpico). De hecho admira todo aquello producido durante los 80s, cosa que se puede apreciar enseguida echando un vistazo a su camiseta, sea cual sea. Básicamente tiene un fondo de armario tan extenso como la producción audiovisual de la década en cuestión.
Gestor: Hay gente de costumbres, y Gestor como mínimo tiene la costumbre de llevar el mismo peinado con el que triunfó en 1994 y para complementar el efecto tiene un coche que en realidad es una nave espacial.
Jope (aka Jopelines): El hijo secreto de Bob Hopkins.
LuísG: Parece normal. Creo que es el elemento de control del experimento.

Finalmente nos fallaron Pezón y Conan, famosos por sus pezones y por almorzar pizzas Tarradellas respectivamente, y Guapanan, al que las nenas del insti idolatraban por su parecido con David Hasselhoff. Pero aún así había un equipo bastante prometedor.
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Unintentional porn:

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Venía por lo de la mamada (Full Guateque)

Venía por lo del bodorrio (Intro)

Venía por lo del bodorrio (Full Pepito)

miércoles, octubre 29, 2008

Lesiones

- Fua tio, me he jodio el deo.

- Fua, que putada tio.

- Ya tio, joder, asín no puedo jugar a la Play.

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domingo, octubre 05, 2008

The way of the yoya (4 de 5)

El culo del mundo está definitivamente en el culo del mundo, y si quieres llegar tienes que bajar en la parada de Gorg y después andar un poco. Tranquilo, no pasa nada si no sabes donde cae esa parada, no hace falta saberlo a no ser que tu maestro abra un dojo allí y te toque pringar.

Al principio, los escasos valientes del Esportator con ánimo de aventurarnos en el territorio salvaje e inexplorado al que los nativos se refieren como Badalona, nos cooperábamos e íbamos juntos en coche para ahorrar costes y aprovechar la seguridad de viajar en rebaño. Bueno, ahorrar costes nosotros, que la gasolina la pagaba toda Enric, pero es que el era el único mayor y solvente. Los días que no nos cooperábamos tocaba coger el metro y, más o menos a partir de La Pau, hacer un viaje sideral acompañado de gente que aplaudía y cantaba (es que aún no había I-pods… ni vergüenza).

En el Yoya's Gym se aprendía deprisa, éramos una comunidad trabajadora y además teníamos grandes senpais para inspirarnos y tutelarnos, como Peluco, que al final de cada clase resumía la conduncta del buen Budoka en sus palabras llenas de sabiduría: “Y ahora pa casa, carretilla de ensalada, pajote y a la cama”.

Y también aprendíamos deprisa porque teníamos a Dimitri, un antiguo soldado del ejército ruso que cada dos o tres semanas venía triste a clase porque un par de colegas suyos habían palmado en una emboscada en Chechenia. No nos daba mucha pena, porque sabíamos que entonces Dimitri recordaba sus fantasmas y se pensaba que volvía a estar en la guerra y a la hora de hacer combate se olvidaba las normas básicas de conducta, tipo “No pegarás en las rodillas para intentar causar parálisis permanente” o “Si tu compañero se cae al suelo no te lanzarás en plancha para intentar rematarlo”. En días como estos nos alegrábamos mucho de que Karate signifique “Mano vacía” y por lo tanto a Dimitri no le fuera permitido coger ningún arma.

Por eso arpendíamos rápido, no era cuestión de dejar que un psicótico te arrancara la cabeza por estar distraido.

Entre pitos y flautas (y algunas ostias) me planté en cinturón marrón, y entonces Deep Blue me dijo que necesitaba ayuda. Deep Blue hacía tiempo que había empezado una especie de franquicia en el Yoya’s Gym haciendo clases de Karate extra-escolar a niños de un par de coles de Barna, y en el CEIP Diputación le hacía falta alguien que hiciera clases a niños de 6 y 7 años mientras él se ocupaba de otro grupo. Bueno, pensé, nos pagaremos las clases de Karate dando clases de Karate.

En un dojo la vida se rige bajo una disciplina escrupulosa y un gran respeto hacia el maestro y hacia los compañeros, lástima que nadie se lo había explicado a aquel grupo de bárbaros tronados en miniatura a los que me dijeron que tenía que enseñar. Resulta que las clases habían empezado hacía un mes y medio y hasta entonces habían tenido un maestro con una experiencia en artes marciales resumible en que una vez había hecho un perfect jugando al Street Fighter II. De manera que los chavales se pensaban que hacer Karate quería decir correr y gritar vestidos con un pijama blanco cual bellos internos de manicomio con sobredosis de Red Bull.

Primero intenté razonar con ellos verbalmente, pero después de dos intentos Deep Blue asomó la cabeza por la puerta y me dijo que quizás era mejor no utilizar expresiones del tipo “niño, mecaguenlaputavirgensantísima” con niños pequeños. De manera que decidí pasar a tácticas más simples: a chupar flexiones.

Básicamente la técnica consistía en que cualquier conducta reprobable implicaba chupar flexiones, o sea que calculo que la primera semana debíamos superar unas cinco veces cualquier récord anterior en la materia. En principio todos pasaban de todo con lo que todos chupaban flexiones; más adelante sólo la mitad la liaban pero, aplicando técnicas de psicología básica que había visto en una peli de telecinco, todos chupaban flexiones igualmente (el truco está en que se vuelvan los unos contra los otros); y finalmente sólo chupaban flexiones los cuatro que hacían barullo mientras sus compañeros se lo miraban (rollo vergüenza por el deshonor). Y todo esto reforzado con discursitos sobre la responsabilidad, el honor y la obediencia total y fanática a tu maestro, que aprovechaba para recitar cuando les tenía tumbados en el suelo mientras yo me paseaba con las manos en en cinturón y mirando al infinito (formación teatral aplicada). Al cabo de dos semanas tenía una clase de niños aplicados y brazos sobredimensionados.

Había otros problemas, como la afición que tenían las criaturas a sangrar por la nariz. Recuerdo escuchar explicar a mi madre (maestra de escuela durante mucho tiempo) cómo se puso de histérica la primera vez que un alumno empezó a chorrear por la nariz y la naturalidad con que sus compañeras de trabajo trataron el asunto. Y es que al final te acabas acostumbrando, por no decir que lo aburres.

La primera vez que me pasó a mí fue porque Marc quiso saltar de cabeza al Pao y Carlitos pensó que sería más divertido empujarlo él mismo. De manera que Marc saltó de cabeza… al suelo. Para acabarlo de arreglar los Karategis son de un blanco impecable que no ayuda precisamente a disimular las manchas, de manera que mi histeria iba empeorando a medida que Marc se iba convirtiendo en un jugador del Liverpool, aunque a él ya le estaba bien porque decía que así se parecía a Ken de Street Fighter. Le cogí por el karategui y le hice volar a recepción pidiendo a ver si tenían inyecciones o cosas para salvar al niño. El conserje alzó un ojo del Marca y me dijo “lávale la cara y métele un cleenex en la nariz”, yo le pregunté si no hacía falta hacer algo más, rollo transfusiones y tal, y él me contestó que podía probar con dos cleenex pero que entonces el niño no podría respirar. (Que caaaaabrón).

Resulta que pude comprobar que en realidad los niños chorrean sangre por la nariz por razones varias, pero normalmente como consecuencia de simplemente respirar, y que total al final no les importa mucho siempre que digas “eres muy valiente por no llorar” y les enchufes el cleenex de reglamento.

Después de cuatro meses los niños me adoraban, me idolatraban, creían que después de su padre yo era el hombre más fuerte del mundo, me regalaban dibujos de Son Goku hechos con plastidecor para colgar en la puerta de la nevera… Tenía un ejército de pequeños asesinos que obedecían mis órdenes fanáticamente (siempre que les prometiera que al final de la clase jugaríamos al escondite) y ya empezaba a planear cómo utilizar un par de divisiones para acabar con la democracia capitalista decadente y dominar el mundo, pero me salió otro trabajo mejor pagado y tuve que dejar el CEIP Diputación, mis niños y mis planes para un nuevo orden mundial.

Lástima, tenía pensado llamarlo Flanagancracia.

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The way of the yoya (1 de 5)
The way of the yoya (2 de 5)

The way of the yoya (3 de 5)

The way of the yoya (5 de 5)

viernes, septiembre 19, 2008

Peter Chan da man

Cuando Buckanan se fue de Can Fuckland teníamos pensado que Claud se mirase la habitación a ver si se unía a nuestro clan. Lo que pasa es que el cabrón no avisó y le pasó la habitación directamente a un colega de su novia, o sea que se nos presentó un pavo tímido llamado Peter Chan que barraba la entrada de una amiga en la casa.

Pero todo puede ser mala suerte o buena suerte. La Claud, al no conseguir ninguna habitación que le gustase finalmente dio el paso y se mudó con Nil, su churri, y de chiripa encontraron una casita a tres calles de Can Fuckland. Peter Chan resultó ser un pavo curioso y acabó por convertirse en mi mejor amigo de Londres y compañero de cenas en casa de Claud.

Cuando lo vimos entrar en casa pensamos que estaba marcando la entrada el primer asiático a Can Fuckland, pero en realidad se trataba de una efeméride mucho más curiosa, era el primer inglés. Camuflado, pero inglés. Resulta que Peter es hijo de hongkongués y singapuresa, pero fue adoptado y criado desde siempre en el Reino Unido, de manera que es a lo que el racismo británico se refiere como a banana (amarillo por fuera pero blanco por dentro). La cosa se pone aún más curiosa cuando te explica que sus padres adoptivos son una holandesa y un pakistaní, o sea que las comidas de Navidad en casa de los Chan deben ser la mar de originales.

De todas maneras no engaña mucho, no tardas demasiado en ver que es un inglés pura raza cuando por ejemplo chafa un plátano que se ha puesto maduro y con la pasta se hace un sandwitch; o cuando se pone medio vaso de zumo de melocotón y lo acaba de llenar con Sprite, porque dice que así tiene zumo con burbujitas; o cuando delante de tu incomprensión te dice que de pequeño lo acostumbraba a hacer con cocacola y leche y te cuenta como le gustaban los coke floats que le hacía su madre (una bola de helado flotando en un vaso de cocacola).

Gastronomía a parte, Peter y yo tenemos varias aficiones comunes, pero fue su increíble don para hacer comentarios surrealistas sobre películas lo que me hizo darme cuenta de que estaba delante de un ser excepcional.

La primera vez que lo presencié fue mientras veíamos “The Terminator", la película me sorprendió al verla después de tantos años, pero me sorprendió más que Peter me preguntase (estimado lector, lee esto poco a poco y con mucha atención, que la cosa tiene cojones para parar un tren):

Oye, el pavo este que hace de novio de la compañera de piso de Sara Connors, es el mismo que hacía de copiloto de Val Kilmer en Top Gun, ¿a que sí?”

I él se sorprendió cuando me quedé callado, mirándole con los ojos como platos y señalándole con un dedo. La gracia es que ver una película con Peter te permite darte cuenta de cosas que los mortales comunes no ven.

Viendo un trozo de “Wing Commander”, en una escena que no debe durar ni dos segundos donde una tanqueta lanza una nave averiada por la borda, Peter se sorprendió de que hubieran aprovechado la misma tanqueta que aparece en nosequé escena de “Judge Dredd”.

Y viendo “Lone Wolf McQuade” se superó. “Lone Wolf McQuade” es una peli así como muy Chuck Norris, con los ademases de que el malo es David Carradine que sigue haciendo ver que sabe artes marciales y la tía buena es una chica de “Never say never again” (de chica Chuk a chica Bond en dos pelis seguidas, casi na). Mi escena preferida es cuando dejan a Chuck inconsciente (porque él quiere, porque eso sólo pasa si él quiere), lo encierran dentro de su coche y después lo entierran. Lo primpero que hace Chuck al despertarse es sacar una lata de cerveza de la guantera, hacer unos sorbos, tirarse el resto por encima y entonces enciende el coche y sale de bajo tierra. Porque Check es un machote y el coche también.

I entonces es cuando Peter te cuenta que un chivato de la peli es el mismo actor que en Blade Runner vive rodeado de juguetes y que el policía amigo de Chuck es el mismo que hace de jefe de seguridad en Star Trek Voayager (él dijo el nombre del actor y del personaje, pero yo no me acuerdo).

En la tele, a parte del Dual, tendría que haber la posibilidad de activar un Peter.

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sábado, septiembre 13, 2008

Lexter, aún más polifacético

Guau, Lexter ha sacado otro superhit y esta vez aún es mejor que la otra. Atención al minuto 2:42 donde saleu no de los breakdanceros que actúan de vez en cuando en el Portal del Ángel.

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miércoles, septiembre 10, 2008

Benidorm mon amour

El miércoles pasado, de camino a Altea (una ciudad glamurosa como muchas otras donde me toca trabajar), me encontré de golpe con Benidorm.

Benidorm mola un huevo. Porque afrontémoslo, es lo más similar a Manhattan que hay en España, sobretodo si te lo encuentras de noche. De hecho aún va más allá, porque no es que tenga un gran skyline, sino que es exclusivamente un skyline. Original de cojones. Es el tipo de paisaje urbano que te aparecía en el horizonte de los videojuegos de coches de la Super Nintendo, hasta tienen un rascacielos acabado en forma de flecha con bandas luminosas de color azul donde seguramente por las noches hay un replicante diciendo que ha visto cosas maravillosas y dándole la vara a Harrison Ford.

Desde dentro también tiene su encanto. Sí, he estado, pero también tengo excusa.

Cuando mi abuela hizo 75 años todo el clan de los Perifollos (esto es otra historia) nos presentamos en su hotel del inserso en Benidorm city. Fue una gran sorpresa, y también decidimos que la última porque de tanta emoción fue de un pelo que no nos quedamos sin matriarca.

La cuestión es que aunque es lo que es, no está tan mal. Digamos que está bien llevado. Para un canetense que se pasaba las noches de fin de semana de su adolescencia en Calella (Calella-de-la-costa para los de Can Fanga) Benidorm representa la expresión máxima del buen gusto en lo que respecta al trinomio playa-sol-sangría (y olé). Sobretodo porque han conseguido que la ciudad sea productiva más allá de los tres meses de verano gracias al turismo geriátrico.

Así como los locales de ocio nocturno de Calella habían de contar con menores de edad para subsistir fuera de temporada, en Benidorm han encontrado una opción más rentable y cómoda. Sólo te hace falta un pequeño local con luces de colores y un hombre orquesta (piano Casio XXL + micrófono) que toque pasodobles y entonces los yayos se ponen a bailar y a ligar entre ellos. Llenas igual y no tienes a niños vomitando en la calle ni insultándose con los seguratas.

Por desgracia la semana pasada pasé de largo por la ciudad y acabé alojado en Albir, dentro del término municipal de algún sitio, en el flamante hotel Rober Palas. Para qué bautizarlo Robert Palace si total no se pronuncia así?

martes, septiembre 09, 2008

Eau de culo

Se ve que en francés "petons" (besos) quiere decir lgo así como "vamos a tirar-nos pedos" (a ver si adivinas como lo he descubierto).
I luego dicen que es el idioma del amor...
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domingo, agosto 31, 2008

Frases célebres de mi padre

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"Putin se tendria que llamar Puton"
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miércoles, agosto 27, 2008

Quien roba a un ladrón, cién años de perdón (¿ladrón x 3 = 300 años?)


Peter Chan es más inglés que el bed & breakfast, pero como tiene cara de chino la gente le toma como lo que no es. Eso, sumado al hecho de que siempre va arrastrando una Nikon D2x, que es una cámara diseñada para pasar desapercibida si la pones entre dos volúmenes de la enciclopedia catalana, hace que todos los carteristas del metro de Barcelona lo tomen por un turista japo forrado de pasta. Lo que pasa es que los carteristas cometen un error de cálculo al ignorar al amigo que va con él y que tiene una paciencia limitada y una mala hostia justificada.

Yo ya le repetía que un veterano del N29 no tiene que sufrir por nada en Barna, que aquí no se tiene que preocupar demasiado por atracos con arma blanca ni palizas por hobby, pero que tenía que vigilar con los pispas. Pero él sólo hacía que responder “I beg you pardon? Would you like a lovely jovely yummy-yummy cup of tea?”.

La primera vez que nos pasó entramos en el metro y cuando la Gnat y yo encontramos sitio me di cuenta que Peter se había quedado atrás, concretamente enredado en medio de cuatro turistas. A primera vista parecían eso, cuatro turistas con sus gorras cutres y todo, pero lo que fallaba un poco es que en el vagón había sitio de sobras y ellos estaban todos alrededor de Peter como si todo estuviese petado y no se pudieran mover.

Mi abuela considera que todos los turistas son una especie de disminuidos psíquicos porque dice que no saben hablar y comen cosas raras, pero aquellos cuatro eran demasiado listos y me parece que ya sabían que en el metro había sitio de sobras. De manera que le dije a Peter que porqué no venía con nosotros y dejaba a sus amigos, a lo que él contestó con una mirada en plan “no es que no quiera venir contigo, pero para hacerlo tendría que molestar a esta buena gente que tengo alrededor y por nada del mundo querría disgustarles”, a lo que yo respondí “Capullo, te están intentando robar” y entonces vino.

En la parada siguiente el grupo de los cuatro desapareció y entonces una señora sentada a mi lado nos empezó a decir que sí que teníamos razón, que ella había visto cómo le intentaban meter la mano en el bolsillo, y nosotros nos quedamos pensando en qué cabrones que eran ellos y qué malnacida la señora que lo había visto todo y se había callado como una cabroncilla y encima luego quería conversación.

Es que el país está muy mal. No porque pasen cosas, sino porque pasan y la peña sólo se lo mira. Claro, que igual por eso pasan. Gente, un poco más de por favor, por favor, que la ropa no se lava sola.

Al día siguiente volvimos a coger el metro y al entrar en el vagón vi cómo Peter volvía a quedarse atrás rodeado por tres señoras, sonriendo y cediendo el paso mientras ellas le decían que no hombre, no, pasa tú primero que si no no te podremos robar. Después ya le expliqué que no es que tenga mala suerte, simplemente que con su cara y su enciclopedia los carteristas se ponen palotes. Es como si Brad Pitt se presentase en el Salvation, que también todo el mundo le intentaría meter mano al paquete.

Lo que pasa es que la primera vez me lo tomé como una curiosidad que no me había pasado nunca, la segunda vez en cambio me tocó bastante los huevos. Primero porque las pavas no lo estaban intentando, lo estaban haciendo, que iban al grano; segunda porque hace tiempo vi un vídeo de los mossos por la tele donde explicaban exactamente lo que estas pavas estaban haciendo (moraleja: cuando se cierran las puertas del metro las chatis se quedan afuera y ya tienen tu cartera); tercera porque se lo estaban haciendo a un amigo mío y entonces tengo menos paciencia que si lo aguanto yo solo (tocada de huevos con folre) y cuarta porque encima Peter arrastra cámaras, y con el equipo fotográfico me pasa igual que con las bicis, que son como cosas del gremio y chorizarlas o maltratarlas se equipara con pegar a una criatura o cosas así (todo el mundo tiene sus manías… con folre y manilles).

De manera que pasé de decirle nada a Peter, me abalancé directamente hacia las pavas bramando insultos varios, no demasiado originales pero adecuados, empujé a las señoritas afuera e hice pasar a Peter adentro, que me miraba flipando y preguntándose que si todo el follón venía porque nos habíamos saltado la hora del té. Entonces las chorizas pasaron a hacer el papel de sorprendidas desde el andén, preguntándome que qué pasaba y haciéndose las longuis y yo mientras aguantando las puertas que se cerraban y gritando “¿¡Que qué pasa!? ¡Ven aquí que te lo explico!”. Seguramente tendría que haber bajado, coger a las pavas y llamar a la policía, pero es que estaba demasiado ocupado insultando como para pensar en mucho más.

No me extraña que en las fuerzas especiales se le ponga tanto énfasis en el factor sorpresa, realmente funciona. Lo que pasa es que funcionó más con los pasajeros del tren que con las carteristas. Al darme la vuelta me di cuenta de la que había montado: la gente había huido dejando tres metros libres a mi alrededor y todo el mundo me miraba expectante a ver qué era lo siguiente que hacía, incluidas cuatro pobres chicas que se abrazaban y gritaban y me miraban aterradas porque acababan de descubrir que en su vagón había un tronado que asaltaba a mujeres. Casi se me escapa una sonrisa, pero pensé que quizás era mejor no potenciar mi imagen de psicópata alterado.

Curiosidades de la vida, uno de los pasajeros, para hacerse amigo mío y que no le arrancase la cabeza ni nada, me indicó amablemente que se me habían caído las gafas de sol. Pero no eran mías, tampoco eran de Peter ni de Gnat, ni de ningún otro pasajero… ¡Ei! ¡Le habíamos pispado las lupas a las chorizas!

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Más o menos en el minuto 0:25 es cuando tuvieron que improvisar un poco la técnica porque era yo quien aguantaba las puertas abiertas.


sábado, agosto 16, 2008

Da TapRap (follow your dreams, that's what I do, read that book, is good for you, tap tap tap tapatap tap tap)

Los mendigos del metro de Londres son bastante curiosos. El caso más habitual es que te encuentres con un drogodependiente de 25 años que aparenta 26 y que aunque tiene el mono y medio kilo de roña encima (300 gramos sólo en los dientes) te pide céntimos con una educación impecable. Lo que me recuerda que tengo que hacer un pequeño apunte:

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Ciudadanos de Barcelona, una vez más volviendo de Londres he comprobado la pérdida de valores morales y buena conducta de nuestra ciudad condal. No, no me estoy refiriendo a las paridas tocacojones del pijocivismo de Joan Clos Van Damme. Me estoy refiriendo a la gente que se planta delante de la puerta del metro y no te deja salir y, muy especialmente, a quien te pide una dirección y cuando le ayudas no te dice ni “por favor” ni “gracias” ni nada de nada. Barna no da asco, pero hay mucha gente que sí (Joan Clos incluído, jur, jur, jur).

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A la Picadilly line teníamos a uno muy especial though: Tap Rap. El filósofo rapero y claquetero (¿o es claquetista?). Definitivamente un profesional al margen del resto, nada de acordeón ni guitarra, TapRap te rapea en el metro mientras marca el ritmo con sus zapatos de claqué. Anda que no mola ni na neng. La semana pasada lo vi, pero por desgracia entré en el vagón cuando él había acabado el show y se cambiaba de compartimento. Le descubrí hace mucho tiempo y pude disfrutar de tres o cuatro de sus sesiones. Además, puedo decir con orgullo que lo vi paseando por el barrio, o sea que encima es una gloria local.

Pues eso, TapRap entra en el vagón, hace una breve presentación y entonces empieza a marcar el ritmo con los pies y a rapear. Lo mejor es que va improvisando, de hecho la primera vez que le oí en realidad estaba pidiendo perdón por no estar demasiado inspirado, y va cantando sobre que tienes que luchar para conseguir lo que quieres y que no tienes que dejar que nadie te desanime y tal y pascual. A menudo al acabar el show vuelve a repetir unas frases inspiradoras y si tienes suerte hasta te enseña los libros que se está leyendo y que recomienda. Para acabar de ser original, en lugar de pasar el sombrero pasa la bamba. Siempre va con una mochililla que supongo que es donde trajina los zapatos de claqué y los libros inspiradores, cuando se pone a trabajar debe guardar una de las bambas en la cartera y la otra se la queda en la mano y es lo que pasa para que le pongas el dinero. Tengo que decir que siempre llevaba el calzado muy limpio, que este pavo no vive sólo de lo que gana en el metro, de hecho es más bien como si aprovechara sus viajes para hacer un poco de dinero extra y compartir su sabiduria. Clack, clack, tapatap yow bro!

viernes, julio 25, 2008

Mi nena quiere más gasolina

En Palma de Mallorca, en la calle Joan Miró, más o menos a la altura de Soldat Marroig, hay una gasolinera-espectáculo. O como mínimo una gasolinera donde la gente va a hacer espectáculos.
Mis experiencias teatrales de juventud no fueron tan glamurosas como a mí me hubiera gustado. Para que os hagáis una idea de a qué estilo estábamos acostumbrados, en cierto teatro cutreril del norte de Barna nos encontramos unas bandejas llenas de chocolatinas en los camerinos que nadie tuvo cojones de tocar hasta que una trabajadora del local nos aseguró que aquello era efectivamente para nosotros. Alguien quiso preguntar si el camerino también era para nosotros, sólo para estar seguros del todo, pero un par de collejas de un par de compañeros con la boca llena de bombones lo evitaron a tiempo.

No es de extrañar que al ir a Mallorca para participar en la muestra de teatro universitario acabásemos alojados en el núcleo más chungo de la guirilandia de Palma. Teseu y Lopakin, contagiados por el espíritu del barrio, decidieron ir a la gasolinera a comprar una botella de whisky para merendar, presentarse alcoholizados perdidos en el autobús que nos llevaba al teatro y pasarse el viaje gritando al conductor para que fuera más rápido. Por suerte al llegar al teatro se calmaron y entonces la responsabilidad de hacer el ridículo recayó en mí. El aburrimiento hizo que me empezara a emparanoiar con que la poesía recitada en mallorquín me hacía gracia y me pasé todo el rato intentando reprimir ataques de risa que además iba contagiando a los compañeros. Que una Anna me fuera diciendo continuamente “Tranquilo, haz como yo, cuando te entre la risa haz ver que tienes tos” no me ayudaba demasiado.

La semana pasada volví a Mallorca a trabajar y mientras seguíamos las indicaciones para encontrar el hotel fuimos a parar de lleno a Can Guiri. Por suerte, al final, el hotel estaba justo fuera de la zona chunguera, pero para cenar a aquella hora no había más remedio que ir a hacer un kebab y acabé sentado en una mesa con vistas a la gasolinera.

Había unos adolescentes que supongo que se dedicaban a tirarse la caña, con la peculiaridad de que eso consistía en dos chicas gritando, dando bofetadas y empujando sistemáticamente a tres chicos. Por alguna razón que tampoco entiendo se ve que eso tenía más gracia si se hacía entre los surtidores de la gasolina sin plomo.
La cosa sólo se puso interesante cuando un borracho sentado en un bar del lado de la gasolinera decidió que los gritos de las pavas le tocaban los huevos y les tiraró una botella de cerveza, que (lástima) sólo hizo ruido.
Lo normal en estos casos es captar el mensaje y marcharse, que es lo que intentaron hacer los chicos, pero las chatis decidieron que era mejor quitarse el cinturón e ir a pegar al borracho. Bueno, de hecho era más bien un “me voy corriendo hacia el borracho e insultándolo pero voy mirando hacia atrás y bastante lenta como para que mi churri me pueda atrapar y tirar hacia atrás antes de llegar donde está el borracho tirando botellas cual discóbolo de Miró”.
La cuestión es que dejé de ver la peli chunga de Steven Seagal para ver el show de la gasolinera y comentar el espectáculo con los mallorquines de la mesa de al lado, que habían dejado su conversación sobre si es peor que tu hijo te diga que es gay o que te diga que es del Madrid, para dedicarse también al comentario del tiro de botella.

Mientras, alguien jubava al tetris con su kebab.

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