Lánzate! (al lado de un sol, una florecilla y un símbolo de la paz de aquellos copiados de la Mercedes)
Estas son las inscripciones y dibujitos que la hippy que vivía en mi habitación se entretuvo en pintar por las paredes con tizas de colores.
Es que resulta que la hippy era arqueóloga y le dio una neura de arte rupestre. Seguramente los habitantes de Altamira también debían ser unos cumbas en versión neardental que les daba por ensuciar paredes, y cuando los homo sapiens llegaron a la cueva les debía tocar la moral tenerla que pintar toda de nuevo y decidieron que era mejor inventar la cabaña de planta circular y pasar de hacer reformas.
A mí me ha tocado pintar de nuevo, que vivir en cabañashoy en día ya no se considera tan innovador, y doy gracias al señor titanlux por haber inventado la pintura “una sola capa”, aunque en los trozos con grafitis han hecho falta dos… no subestiméis nunca el poder de una cumba con tizas de colores.
Y tampoco es que el mensaje de los grafitis me pareciera mal, simplemente es que igual quedarían mejor escritas entre fotografías de la SuperPop en la carpeta de una adolescente que al lado de mi armario.
En principio la habitación la tenía que pintar ella, pero pensé que igual lo entendería mal y se dedicaría a repasar con las tizas de colorines los trozos que aún estaban blancos. De manera que le propuse que si dejaba la mesa que tenía pensado llevarse ya la pintaría yo. Al fin y al cabo aún he podido sacar algo de provecho.
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UPDATE:
La Fragonetapower me acaba de decir que los mensajes cumbas de la pared eran estrofas de Viatge Llarg de SAU. Uala que fuerte.
Las superestrellas no mueren, sólo lo hacen ver, principalmente para evadir impuestos y tal. En el caso de Miguelito simplemente se ha vuelto a poner moreno y ahora está en la India poniendo a punto su Girly Man Live Tour.
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Cuando sabes que eres el puto amo? Cuando eres capaz de hacer bailar a 1500 presos filipinos. Yep, el rey titus, el rey… Creedme, cualquier día de estos nos lo encontramos en el autobús.
Los mitos no mueren nunca… El espíritu de Can Fuckland sigue vivo y montamos una sucursqal en Gràcia.
La Muppetina resulta que es la chavala de quien takinovergé mi habitación en Can Fuckland, y que resultó ser de Barcelona. Es geóloga. Y qué es ser geóloga? No lo sé, nadie lo sabe, pero si le enseñas una piedra te dice de qué tipo es. De hecho, es hidro-geóloga, o sea que supongo que si le enseñas un vaso de agua también te puede decir de qué tipo es. Actualmente está trabajando en el primer mapa hidrográfico de Cataluña, si algún día tenéis que ir a algún pozo en concreto le podéis preguntar cómo llegar.
En su tiempo libre estrena cuerpo y mente. Estudia francés en la escuela oficial de idiomas (cruasán, canapé, suflé y café olé) y practica deportes originales e inverosímiles. Ahora creo que compagina Tai Chi, trapezio y frisbee. Sí, he dicho frisbee, y encima sabed que se juega por equipos. Seguramente son todos geólogos.
La Fragonetapower no vivió propiamente en Can Fuckland, pero vino de visita un verano, así que también fichó. Se gana las habichuelas de traductora y se las gasta haciendo escalada y cursos varios de especialización, como uno que hizo para aprender a hacer un nudo especial en el cable del secador y que sirve para colgarlo en el toallero. También es aficionada a la afonía y a las anginas, pero eso lo practica con menos entusiasmo.
Aún así, y gracias a Dios, New Fuckland Manor sólo comparte inquilinos con su referente inglés, aunque en lugar de ser cien y la madre que nos parió sólo somos tres. Nuestro nuevo pisito tiene una bonita cédula de habitabilidad en regla, tiene balconcito (al que yo me refiero como “la terraza” o “el patio”) en lugar de jardín y por lo tanto espero no encontrarme ni artrópodos mutantes ni toasts aux souris, como máximo alguna paloma moribuda despistada.
- Uala, eres psicóloga! Pues a ver como analizarías esto tu que eres psicóloga, que llevo días dándole vueltas. Por que yo la semana pasada fui a la disco y me enrollé con un tío, sabes, y al final el me pidió el teléfono pero no me ha llamado ni nada. Tu como interpretarías esto?
Un poco como el jefe supremo del ejército de la cinta roja, acabé interponiendo mis intereses personales por delante de la dominación mundial. Me ofrecieron hacer una sustitución en el tercer trimestre en un instituto de Horta, lo que supuso un saneamiento considerable de mi economía, pero también supuso que mi tiempo libre se redujera exclusivamente a lo necesario como para comer, cagar y dormir. Es lo que pasa cuando no puedes tener a los niños entretenidos a base de flexiones y te tienes que preparar las clases. Algún día igual explico las aventuras de profe, que de momento resumiremos en que tenía un alumno esquizofrénico bajo medicación, unos cuantos más sin medicación y un jefe de estudios que no acababa de tener claro que se tiene que cagar dentro de la taza del váter (no, no es ninguna metáfora). Los tres meses de docencia intensiva impidieron que aquél verano me examinase para cinturón negro, pero lo que no sabía es que aquella sólo sería la primera prórroga. Unos compañeros de la universidad decidieron ir a vivir unos meses a Londres antes de iniciar las respectivas carreras profesionales y yo me apunté. Dejar de practicar karate me tocaba la pera, pero total Londres tenía que ser cuestión de dos o tres meses y no había para tanto. Y también me sabía mal dejar de ver a los compañeros, sobretodo porque había uno al que no volvería a ver más. Peluco era sin duda uno de los mejores de nuestro dojo, una de aquellas personas que tiran adelante y si hay algo en el camino que les molesta simplemente lo apartan y siguen recto. Pero por desgracia no pudo apartar el coche que se saltó el stop y se cruzó delante de su moto. Se mató dos semanas antes de que yo me fuera a Londres y en cierta manera por eso fue más fácil de digerir, porque yo ya había dejado de ir al dojo. Supongo que para la gente que aquél día había entrenado con él y que al día siguiente vieron que no venía debió ser más duro. Ironías de la vida, el entierro se celebró al día siguiente de mi cumpleaños. Cuando me lo dijeron, por un momento pensé en cambiar la cena de cumpleaños de fecha, pero entonces sentí cómo Peluco me decía en la oreja “Pero mira que eres maricona” y cambié de opinión. Él no era de los que se van a dormir pronto y no tenía en demasiada consideración al quién lo hacía, así que decidí celebrar la cena, me fui de fiesta, pasé por casa a ducharme y fui hacia la playa. Aún hacía calor y se estaba a gusto en karategi, hicimos un poco de clase, lloramos y dejamos a Peluco en el fondo del mar. Cada setiembre repetimos el entreno, pero ya no lloramos. Una vez en Londres empezó el declive físico. Yo me esforcé en mantener una rutina de entreno, siempre que la meteorología lo permitía, pero el footing y algunas flexiones y abdominales no conseguían sustituir al Yoya’s Gym. Después encima vino la operación de cu… de cóccix, que supuso ocho meses sin poder hacer deporte y consecuentemente un holocausto apocalíptico por lo que respecta a mi forma física. Por suerte me recuperé justo a tiempo para poderme hostiar con Christopher con garantías, pero el episodio de karate a muerte en un callejón de Ipswitch puso de manifiesto que hacía falta ponerle remedio a la protobarriguita. Aquella misma noche, mientras discutíamos remedios caseros para quitar manchas de sangre de la ropa, acordamos con Bakerin que empezaríamos a entrenarnos juntos. Meses después de conocernos habíamos descubierto, por sorpresa mútua, que los dos éramos karatetas. Había llegado la hora de volver al recto camino del guerrero. Fuimos al corazón de China Town, buscamos la tienda de artes marciales con el nombre más guai que encontramos y nos procuramos un Strike Shield (“Pao” para los amigos). El primer día entrenamos en casa de Bakerin, pero sus vecinas octogenarias nos dijeron que las personas civilizadas no hacían tanto ruido a la hora del te, así que tuvimos que abortar. El segundo día nos entrenamos en Regent’s Park sin problemas vecinales. El tercer día… Bakerin decidió que ya estaba suficientemente fuerte y que no le hacía falta entrenarse más, lo que era un problema grave si tenemos en cuenta que para entrenarte con un Pao hace falta que alguien te lo aguante. My gos in a pos. Por suerte la indemnización de Christopher llegó justo a tiempo para adquirir un saco de boxeo y poder seguir entrenando, y esto hizo que Bakerin se volviera a animar y se apuntase a la fiesta de los sábados. Básicamente nos limitábamos a correr un poco y hacer unas series de saco, pero de tanto en tanto nos mirábamos para repasar técnica básica. Finalmente la etapa londinense se acabó. Me dio pena clausurar el mini-dojo y vender a Christopher, pero de todas maneras siempre había sido una solución temporal. Era hora de volver a las viejas rutinas, viajar al culo del mundo y volver al Yoya’s Gym. El Yoya’s había cambiado, pero por suerte la gente seguía siendo la misma. Lástima que para mí sí que había pasado el tiempo y tuve que sudar la gota gorda para coger el ritmo. Y entonces, un mes después de volver, fue cuando el sensei nos dijo a mí y a Líder que al cabo de una semana nos examinábamos de cinturón negro. Mi teoría es que Peluco nos echó una mano, pero la cuestión es que conseguimos el cinturón, que es muy útil porque combina con todo y con el karategi blanco queda monísimo tú. Cuando llegué a casa cené una carretilla de ensalada para celebrarlo.
La publicidad es el segundo presupuesto mundial, sólo superado por el militar, lo que se podría discutir si tenemos en cuenta que los militares utilizan una buena cantidad de publicidad. Primer fue un anuncio “anónimo” sobre un clavo de mala calidad que aguantaba mal una herradura y entonces un caballero se quedaba sin poder ir a la guerra y entonces el reino se iba a la mierda porque el clavo no era ni Nike ni Dolce & Gabbana. Personalmente, soy republicano.
Después fueron la Danone y similares que después de sus anuncios recalcaban que ellos no fabrican sus productos para otras marcas. Como por ejemplo Actimel, aquél derivado láctico con fermentos que no tiene ninguno de los efectos beneficiosos que utilizan para promocionarlo.
Ahora Cuatro y Telecinco airean espots donde dicen que están al lado de las marcas de toda la vida. Sí, las mismas marcas a las que facturan anuncios de toda la vida.
Tocacojones varios… Hacendado ES una marca. Buena, bonita y barata.
Finalmente conseguí llegar a Valencia City y meterme en un coche repleto de colegas. Me habían venido a buscar en un Porsche (fíjate tú), pero habían cometido la irresponsabilidad de dejarlo en manos de Tron y por lo tanto la cosa podía acabar con un desenlace muy RENFE.
Tron es muy buen chaval y mejor persona, hasta se podría comentar que como está estudiando para pilotar aviones es una persona indicada para llevarte de un punto A a un punto B, pero argumentar esto sería... Porque Tron es muy buen chaval y mejor persona, pero a veces le gusta copular con coches. Mira tú, de vez en cuando los coches de delante se paran, por razones tan sorprendentes como pueden ser los semáforos en rojo o los pasos de peatones, pero Tron lo ignora y usa su propio coche cual dildo herculiano para encularlos con ganas. Simplemente dice que no los ve. Un coche. Grande. Con cuatro ruedas y tal. No se da cuenta de que paran.
Yo ya le tengo dicho que se podría tomar unos cubatas antes de hacerlo, o esperar a algún día con niebla, para tener como mínimo alguna excusa para contar a los polis, pero él dice que no se avergüenza y que además si lo hiciera cuando ha bebido lo tendría que hacer demasiado a menudo.
Gracais al prodigioso ABS del Porsche llegamos a can Bakerin con algún incidente pero sin ningún accidente, con el tiempo justo de comer algo antes de engalanarnos y ponernos en bodorrio mode. Un síntoma inequívoco de que la cosa empezaba a mejorar era que la madre de Bakerin nos había hecho pepitos para comer.
La cocina valenciana está llena de tópicos, pero por alguna razón el pepito es una delicia olvidada. Cuando aún no hacía ni un año que conocía a Barkerin y estábamos compartiendo habitación en la mítica Bowden, después de ir de visita a Valencia se presentó con un tupper aceitoso que su madre le había preparado para sus amigos de Londres. El pepito es algo así como un poco de pan de briox/pan de leche/pan de frankfurt relleno con una samfaina valenciana, pintado con huevo y frito. Evidentemente después de comer tres o cuatro te estás un par de días sin hacer aquello que comentan tanto en los anuncios de Activia con bífidus activo, pero vale la pena.
Masticando aún el último pepito me vestí, preparé el equipo y me dispuse a empezar a fotografiar a Bakerin en pleno ritual de noviotización, pero entonces él me señaló el cuello y me preguntó dónde coño estaba mi corbata. Concretamente estaba en Barcelona, en el tercer cajón para más detalles, y es que había decidido hacer un Lauren Postigo y no llevarla. Por desgracia ni Bakerin ni ningún otro tío de la boda estaba al corriente del tal Lauren. Suerte que mi madre me había hecho desistir de la idea de calzarme las bambas y había llevado los zapatos normales, que Emilio Aragón tampoco les debía sonar demasiado.
Tampoco había para tanto, que a mí también me decepcionó que en el menú del banquete no hubiera ni paella ni horchata y no dije nada, aunque hay que decir que como testimonial representación autóctona los invitados se aseguraron de que hubiera arroz a tuttiplen para recibir a la pareja ya casada. De hecho el lanzamiento de arroz se convirtió más bien en un concurso para ver quien acertaba más veces a Bakerin con la boca abierta. Es lo que pasa cuando la gente lleva a la paella en las venas y cuando tus amigos son más putas que los de la novia. Aún gracias que se reprimieron y no lanzaron ni escamarlanes ni bajoquetes. Ah, y tampoco hubo ningún show con asno en todo el día, pero eso ya me lo esperaba.
Al final todo fue bien, yo me tuve que estresar un poco con las fotos, sobretodo gracias al pavo que hacía el vídeo, que aunque era una bellísima persona no paraba de tocarme los webs con su luz anaranjada y con su manía para pedir posados a los novios que simplemente llamaremos “de estilo clásico”. También me estresé un poco con la señora de edad avanzada que se me acercó hacia el final de la noche y me dijo, a una distancia mucho más corta de la estrictamente necesaria para una correcta audición, “Hazme una foto donde salga guapa, muy guapa, muy guapa, que quiero regalársela a mi novio”. Supongo que debe ser el mismo tipo de estrés que nuestro señor sentía cuando le pedían que multiplicara los panes o caminase por encima del agua. Yo simplemente decidí que era el momento de guardar el equipo y coger una copa.
Vivía en una casa tronada del norte de Londres donde las arañas me persiguían, las alarmas me despertaban y donde dos o tres veces por semana me pegaba con Christopher. Para sobrevivir hacía cafés, para vivir hacía fotografías y para passar el rato escribía tonterías. Luego volví a Barna a casa de la mama.