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jueves, marzo 05, 2009

Venía por lo del bodorrio (Full Pepito)

Finalmente conseguí llegar a Valencia City y meterme en un coche repleto de colegas. Me habían venido a buscar en un Porsche (fíjate tú), pero habían cometido la irresponsabilidad de dejarlo en manos de Tron y por lo tanto la cosa podía acabar con un desenlace muy RENFE.

Tron es muy buen chaval y mejor persona, hasta se podría comentar que como está estudiando para pilotar aviones es una persona indicada para llevarte de un punto A a un punto B, pero argumentar esto sería... Porque Tron es muy buen chaval y mejor persona, pero a veces le gusta copular con coches. Mira tú, de vez en cuando los coches de delante se paran, por razones tan sorprendentes como pueden ser los semáforos en rojo o los pasos de peatones, pero Tron lo ignora y usa su propio coche cual dildo herculiano para encularlos con ganas. Simplemente dice que no los ve. Un coche. Grande. Con cuatro ruedas y tal. No se da cuenta de que paran.

Yo ya le tengo dicho que se podría tomar unos cubatas antes de hacerlo, o esperar a algún día con niebla, para tener como mínimo alguna excusa para contar a los polis, pero él dice que no se avergüenza y que además si lo hiciera cuando ha bebido lo tendría que hacer demasiado a menudo.

Gracais al prodigioso ABS del Porsche llegamos a can Bakerin con algún incidente pero sin ningún accidente, con el tiempo justo de comer algo antes de engalanarnos y ponernos en bodorrio mode. Un síntoma inequívoco de que la cosa empezaba a mejorar era que la madre de Bakerin nos había hecho pepitos para comer.

La cocina valenciana está llena de tópicos, pero por alguna razón el pepito es una delicia olvidada. Cuando aún no hacía ni un año que conocía a Barkerin y estábamos compartiendo habitación en la mítica Bowden, después de ir de visita a Valencia se presentó con un tupper aceitoso que su madre le había preparado para sus amigos de Londres. El pepito es algo así como un poco de pan de briox/pan de leche/pan de frankfurt relleno con una samfaina valenciana, pintado con huevo y frito. Evidentemente después de comer tres o cuatro te estás un par de días sin hacer aquello que comentan tanto en los anuncios de Activia con bífidus activo, pero vale la pena.

Masticando aún el último pepito me vestí, preparé el equipo y me dispuse a empezar a fotografiar a Bakerin en pleno ritual de noviotización, pero entonces él me señaló el cuello y me preguntó dónde coño estaba mi corbata. Concretamente estaba en Barcelona, en el tercer cajón para más detalles, y es que había decidido hacer un Lauren Postigo y no llevarla. Por desgracia ni Bakerin ni ningún otro tío de la boda estaba al corriente del tal Lauren. Suerte que mi madre me había hecho desistir de la idea de calzarme las bambas y había llevado los zapatos normales, que Emilio Aragón tampoco les debía sonar demasiado.

Tampoco había para tanto, que a mí también me decepcionó que en el menú del banquete no hubiera ni paella ni horchata y no dije nada, aunque hay que decir que como testimonial representación autóctona los invitados se aseguraron de que hubiera arroz a tuttiplen para recibir a la pareja ya casada. De hecho el lanzamiento de arroz se convirtió más bien en un concurso para ver quien acertaba más veces a Bakerin con la boca abierta. Es lo que pasa cuando la gente lleva a la paella en las venas y cuando tus amigos son más putas que los de la novia. Aún gracias que se reprimieron y no lanzaron ni escamarlanes ni bajoquetes. Ah, y tampoco hubo ningún show con asno en todo el día, pero eso ya me lo esperaba.

Al final todo fue bien, yo me tuve que estresar un poco con las fotos, sobretodo gracias al pavo que hacía el vídeo, que aunque era una bellísima persona no paraba de tocarme los webs con su luz anaranjada y con su manía para pedir posados a los novios que simplemente llamaremos “de estilo clásico”. También me estresé un poco con la señora de edad avanzada que se me acercó hacia el final de la noche y me dijo, a una distancia mucho más corta de la estrictamente necesaria para una correcta audición, “Hazme una foto donde salga guapa, muy guapa, muy guapa, que quiero regalársela a mi novio”. Supongo que debe ser el mismo tipo de estrés que nuestro señor sentía cuando le pedían que multiplicara los panes o caminase por encima del agua. Yo simplemente decidí que era el momento de guardar el equipo y coger una copa.

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Venía por lo de la mamada (Intro)

Venía por lo de la mamada (Full Guateque)

Venía por lo del bodorrio (Intro)

martes, enero 13, 2009

Venía por lo del bodorrio (Intro)

De todos es sabido que los fabricantes de salchichas de frankfurt y los fabricantes de panecillos para frankfurt tienen un pacto secreto según el cual los panecillos siempre se venden en bolsas de séis pero las salchichas sólo en paquetes de cinco. Qué panda de cabrones.

Esta estrategia va encaminada a hacernos entrar en un bucle consumista que nos obligue a comprar más salchichas y panecillos para intentar llegar a la paridad. Una estrategia muy bien pensada en algún despacho de aquellos donde hacen brainstormings y otras mariconadas, si no fuera porque es más fácil coger Nocilla y hacerte un bollycao casero con el sexto panecillo y ya está. De todas maneras supongo que esto más que una victoria de la inventiva ciudadana es un éxito de la Nocilla, que debía hacer otro pacto aún más secreto con los de los panecillos a espaldas de los de las salchichas. Qué panda de cabrones.

Lo que no es tan conocido es que los fabricantes de maletas y los fabricantes de cosas tienen un pacto parecido. No sé bien bien cómo funciona exactamente, pero el hecho es que las cosas no acaban de encajar nunca dentro de la maleta. En mi inocente juventud intenté paliar el problema a base de coleccionar maletas y bolsas de medidas y formas correlativas, pero esto evidentemente no solucionó nada, porque los fabricantes de cosas siempre van un paso adelante para que la maleta que ya tienes no te sirva. Qué panda de cabrones.

La cuestión es que yo iba a Valencia para tres días, de manera que me hacía falta poca ropa, pero iba para la boda de Bakerin y L (esposa en prácticas, supongo) y además era el fotógrafo, o sea que también tenía que llevar el traje y el equipo. Esto de entrada ya comportaba llevar el traje a parte en una bolsa de esas especiales para que no se arrugue, y para el resto entraba en juego el pacto maleteros/fabricantes-de-cosas.

Si utilizaba una maleta lo suficientemente grande para el trípode de todas maneras no era lo suficientemente ancha para poder meter la bolsa con el equipo fotográfico, y si utilizaba una maleta lo suficientemente ancha para todo entonces con la poca ropa que tenía que llevar no la acababa de llenar y todo corría peligro de acabar mezclado y chafado. Además mi bolsa super guay para llevar trajes, que me había regalado mi tía y que no me había hecho falta nunca antes, se ve que estaba dotada con un dispositivo que la teletransportaba a otra dimensión en caso de que te hiciera falta. De manera que acabé con la ropa en una maleta pequeña, el trípode atado precariamente a la maleta, la bolsa con la cámara colgada a la espalda y con la mano libre aguantando una percha con el traje cubierto por un plástico cutringui del todo a cien.

A base de hacer un tetris in progress con mis cosas conseguí llegar hasta el tren, me puse cómodo y me dormí con la tranquilidad que da saber que una vez en Valencia me vendrían a recoger a la estación y ya no tendría que pasar más penurias. Pero no conté con que estaba viajando con la RENFE.

Me desperté en una estación, pero con la preocupante sensación de que había dormido menos de lo que hace falta para llegar a Valencia, y es que estaba en Castellón, la vía estaba cortada y el resto del trayecto lo teníamos que hacer en autobús. La explicación oficial era que un tren de mercancías había descarrilado… días más tardes me enteré que la realidad era que Efak había pasado por el mismo sitio hacía unas horas (que aquél día las bodas estaban de oferta) y había hecho alguna gamberrada. Volví a montar el puzzle del equipaje y me puse a hacer una hacer cola para el autobús. Evidentemente llovía.

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Venía por lo de la mamada (Intro)

Venía por lo de la mamada (Full Guateque)

jueves, diciembre 04, 2008

Venía por lo de la mamada (Full Guateque)

El problema de las promesas es que pueden no cumplirse. A lo mejor fue la madurez o algo asín, pero me parece que la cosa no fue excactamente por donde debía ir. Personalmente mi referente más inmediato por lo que a despedidas respecta es la peli aquella de Tom Hanks donde tenían una suite de hotel con doscientas personas, la mitad de las cuales eran mujeres públicas y una de ellas intentaba reproducirse con un asno que acababa muriendo de sobredosis y depositado en el ascensor del hotel patas arriba. Pero se ve que nuestro presupuesto no daba para ganado. Ni para asnos. Ni ninguno de los amigos de Bakerin era el Guerrero Americano.

Como las tradiciones son las tradiciones, la cosa empezó vistiendo a Bakerin con unas mallas negras, unos calentadores, una camiseta con el lema “Venía por lo de la mamada”, una peluca afro y unas gafas de Rappel. Llámanos originales. Y entonces empezó un largo peregrinaje hasta un recinto ferial, en algún sitio remoto de Hospitalet, donde Bakerin tenía que hacer su entrada triunfal en un festival erótico. Dile erótico, dile porno.

Al final la entrada no fue tan triunfal porque al cabo de media hora de dar vueltas perdidos por Hospi Bakerin había decidido dejar su uniforme y convertirse en normal. Más o menos entonces decidí aceptar la idea de que nadie intentaría follarse a un asno.

El festival, la vedad, me lo imaginaba más grande. Todo y con eso fue mi primer encuentro con el porno en vivo y curiosamente descubrí que, aun y ver dos chavalas rellenándose mutuamente con artilugios varios, más que morbo me hacía gracia. El porno se puede consumir de muchas maneras, pero definitivamente rodeado de señores con cámara de vídeo y dudoso interés cinéfilo no es mi preferida. Siempre me ha hecho gracia la gente que sigue el fútbol pero que nunca juega, y me parece que en aquél festival pasaba más o menos lo mismo.

Después de dos horas de ver aeróbic non-stop todos estábamos un poco saturados, por no decir aburridos, y yo había preguntado y me habían dicho que no había ningún equino en el programa, de manera que decidimos irnos a otro sitio donde, a parte de mirar, pudiéramos mojar.

Pero antes de llegar al restaurante teníamos que escapar de Hospitalet, encontrar la parada de metro y superar el efecto “ostia, es que de día el camino se veía diferente y había menos gente con cara de asesino por la calle”. Todo el mundo tenía su opinión sobre cuál era el camino a seguir, pero a Tron se le había metido en la cabeza que el Norte en realidad estaba hacia el Sur y promocionaba su candidatura con frases tipo “¡Hacedme caso coño! ¡Que si me sé orientar a 10.000 pies de altitud como queréis que me pierda aquí!” La cuestión es que aquella mañana Tron al entrar en la Plaza Real había comentado que aquello era Plaza Cataluña y que Montjuic estaba a dos calles, de manera que optamos por ir en dirección contraria de cualquier indicación que hiciera él y llegamos al metro a la primera.

Los colegas de Bakerin habían planeado la despedida de soltero en plan sorpresa, y para que todo fuera como más sorpresa aunque la despedida se hacía en Barna la gracia es que todas las actividades se hacían a tomar por culo de Barna. Directamente no recuerdo en qué término municipal estaba el restaurante, pero un poco más allá se acababa el universo y el tiempo y el espacio se transmutaban y tal. Como único referente geográfico puedo decir que la camarera vivía en el Prat, supongo que en algún avión. Era amiga de la Jopelina (novia de Jope) y nos dio un trato la mar de personal y simpático. Nosotros le correspondimos decidiendo que debía ser lesbiana basándonos en que llevaba el pelo corto y que utilizaba el pronombre “neng” y el adverbio “ejque”.

En los postres una vez más cayó en mí, en calidad de autóctono, la decisión de ver donde coño íbamos. Lo primero que había pensado había sido llevarlos al Arena, básicamente para explotar un poco más la camiseta tuneada de Bakerin, pero como la camiseta no había durado ni media hora, la cosa ya no tenía tanta gracia. A Tron y a Gestor se les había metido en la cabeza ir a un puticlub “pero sólo para tomar una copita”, pero por suerte la camarera nos dijo que conocía una disco en Barna y, más importante, que nos llevaba en coche, de manera que acordamos esperar a que acabara el turno en un pub al lado del restaurante.

No recuerdo cómo se llamaba la discoteca donde acabamos, sólo que estaba delante del CaixaForum, que era la mar de pija y que estaba tan vacía que no se podía permitir el lujo de vetar la entrada a un grupo de mataos que no calzaban náuticas. Con respecto a la camarera, aunque el vocabulario segúa igual, al salir del restaurante había pasado por una Corporación Dermoestética a ponerse unos implantes o algo. La cuestión es que decidimos que con botas y camiseta ajustada ya no era lesbiana. Tampoco es que ninguno de nosotros lo pudiera confirmar.

En la discoteca no había demasiado que hacer. Podías escoger entre mirarle las tetas a la camarera heterosexual o mirarle las bragas a la gogo, que estaba convenientemente vestida con minifalda y situada en un podio excesivamente alto. El resto de la discoteca estaba ocupada por siete niños de 12 años que venían de una boda (osea enlace) y no había ningún indicio de asnos, caballos o similares.

No me quejo, fue un buen fin de semana entre colegas y nos lo pasamos de fruta madre, de hecho me parece que lo tendríamos que haber planteado así al principio. De todas maneras supongo que cuando se case Tron ya iremos con su avión a Tailandia o a algún otro sitio donde las leyes de protección de los animales sean convenientemente ambiguas.

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Unintentional porn?

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Venía por lo de la mamada (Intro)

Venía por lo del bodorrio (Intro)

Venía por lo del Bodorrio (Full Pepito)

miércoles, septiembre 10, 2008

Benidorm mon amour

El miércoles pasado, de camino a Altea (una ciudad glamurosa como muchas otras donde me toca trabajar), me encontré de golpe con Benidorm.

Benidorm mola un huevo. Porque afrontémoslo, es lo más similar a Manhattan que hay en España, sobretodo si te lo encuentras de noche. De hecho aún va más allá, porque no es que tenga un gran skyline, sino que es exclusivamente un skyline. Original de cojones. Es el tipo de paisaje urbano que te aparecía en el horizonte de los videojuegos de coches de la Super Nintendo, hasta tienen un rascacielos acabado en forma de flecha con bandas luminosas de color azul donde seguramente por las noches hay un replicante diciendo que ha visto cosas maravillosas y dándole la vara a Harrison Ford.

Desde dentro también tiene su encanto. Sí, he estado, pero también tengo excusa.

Cuando mi abuela hizo 75 años todo el clan de los Perifollos (esto es otra historia) nos presentamos en su hotel del inserso en Benidorm city. Fue una gran sorpresa, y también decidimos que la última porque de tanta emoción fue de un pelo que no nos quedamos sin matriarca.

La cuestión es que aunque es lo que es, no está tan mal. Digamos que está bien llevado. Para un canetense que se pasaba las noches de fin de semana de su adolescencia en Calella (Calella-de-la-costa para los de Can Fanga) Benidorm representa la expresión máxima del buen gusto en lo que respecta al trinomio playa-sol-sangría (y olé). Sobretodo porque han conseguido que la ciudad sea productiva más allá de los tres meses de verano gracias al turismo geriátrico.

Así como los locales de ocio nocturno de Calella habían de contar con menores de edad para subsistir fuera de temporada, en Benidorm han encontrado una opción más rentable y cómoda. Sólo te hace falta un pequeño local con luces de colores y un hombre orquesta (piano Casio XXL + micrófono) que toque pasodobles y entonces los yayos se ponen a bailar y a ligar entre ellos. Llenas igual y no tienes a niños vomitando en la calle ni insultándose con los seguratas.

Por desgracia la semana pasada pasé de largo por la ciudad y acabé alojado en Albir, dentro del término municipal de algún sitio, en el flamante hotel Rober Palas. Para qué bautizarlo Robert Palace si total no se pronuncia así?

viernes, julio 25, 2008

Mi nena quiere más gasolina

En Palma de Mallorca, en la calle Joan Miró, más o menos a la altura de Soldat Marroig, hay una gasolinera-espectáculo. O como mínimo una gasolinera donde la gente va a hacer espectáculos.
Mis experiencias teatrales de juventud no fueron tan glamurosas como a mí me hubiera gustado. Para que os hagáis una idea de a qué estilo estábamos acostumbrados, en cierto teatro cutreril del norte de Barna nos encontramos unas bandejas llenas de chocolatinas en los camerinos que nadie tuvo cojones de tocar hasta que una trabajadora del local nos aseguró que aquello era efectivamente para nosotros. Alguien quiso preguntar si el camerino también era para nosotros, sólo para estar seguros del todo, pero un par de collejas de un par de compañeros con la boca llena de bombones lo evitaron a tiempo.

No es de extrañar que al ir a Mallorca para participar en la muestra de teatro universitario acabásemos alojados en el núcleo más chungo de la guirilandia de Palma. Teseu y Lopakin, contagiados por el espíritu del barrio, decidieron ir a la gasolinera a comprar una botella de whisky para merendar, presentarse alcoholizados perdidos en el autobús que nos llevaba al teatro y pasarse el viaje gritando al conductor para que fuera más rápido. Por suerte al llegar al teatro se calmaron y entonces la responsabilidad de hacer el ridículo recayó en mí. El aburrimiento hizo que me empezara a emparanoiar con que la poesía recitada en mallorquín me hacía gracia y me pasé todo el rato intentando reprimir ataques de risa que además iba contagiando a los compañeros. Que una Anna me fuera diciendo continuamente “Tranquilo, haz como yo, cuando te entre la risa haz ver que tienes tos” no me ayudaba demasiado.

La semana pasada volví a Mallorca a trabajar y mientras seguíamos las indicaciones para encontrar el hotel fuimos a parar de lleno a Can Guiri. Por suerte, al final, el hotel estaba justo fuera de la zona chunguera, pero para cenar a aquella hora no había más remedio que ir a hacer un kebab y acabé sentado en una mesa con vistas a la gasolinera.

Había unos adolescentes que supongo que se dedicaban a tirarse la caña, con la peculiaridad de que eso consistía en dos chicas gritando, dando bofetadas y empujando sistemáticamente a tres chicos. Por alguna razón que tampoco entiendo se ve que eso tenía más gracia si se hacía entre los surtidores de la gasolina sin plomo.
La cosa sólo se puso interesante cuando un borracho sentado en un bar del lado de la gasolinera decidió que los gritos de las pavas le tocaban los huevos y les tiraró una botella de cerveza, que (lástima) sólo hizo ruido.
Lo normal en estos casos es captar el mensaje y marcharse, que es lo que intentaron hacer los chicos, pero las chatis decidieron que era mejor quitarse el cinturón e ir a pegar al borracho. Bueno, de hecho era más bien un “me voy corriendo hacia el borracho e insultándolo pero voy mirando hacia atrás y bastante lenta como para que mi churri me pueda atrapar y tirar hacia atrás antes de llegar donde está el borracho tirando botellas cual discóbolo de Miró”.
La cuestión es que dejé de ver la peli chunga de Steven Seagal para ver el show de la gasolinera y comentar el espectáculo con los mallorquines de la mesa de al lado, que habían dejado su conversación sobre si es peor que tu hijo te diga que es gay o que te diga que es del Madrid, para dedicarse también al comentario del tiro de botella.

Mientras, alguien jubava al tetris con su kebab.

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viernes, enero 04, 2008

Feliz 2008... que rima con bizcocho...

Navidad = Madrid, como cada año, que toca reunión familiar en casa de la matriarca (la agüelita). Este año, además, ha tocado rememorar la infancia.
Mis tíos tienen un ahijado de 12 años que este año ha pasado las fiestas con nosotros, y para entretener al chaval decidimos llevarle al Parque de Atracciones. En Madrid son así, el parque de atracciones de la ciudad de toda la vida está bautizado con el rebuscado y sorprendente nombre de “Parque de Atracciones”. La verdad es que le sienta bien, ya que era justamente eso, un conjunto de atracciones de feria de las de toda la vida (rollo “el saltamontes” o “el tren de la bruja”) pero en un recinto estable.
El chaval estaba contento de que fuéramos, yo estaba histérico. De pequeño, cada viaje a Madrid suponía inexcusablemente una visita al Parque, pero hacía como mínimo 14 años que la tradición se había interrumpido. Y volver suponía comprobar cuantas de las atracciones cutres que tanto me gustaban de pequeño habían sobrevivido al paso de los años, y evidentemente montar en ellas.
La verdad, poco queda del parque que yo recordaba. Sigue estando en la Casa de Campo, pero eso es casi lo único que no ha cambiado. De hecho han montado otro parque temático justo al lado, donde para montarte en las atracciones no tienes que comprar tiquets sino condones, pero en el Parque de Atracciones por 26 leuros puedes entrar en todas las atracciones tantas veces como quieras y en el otro parque me parece que por ese precio sólo te dejan visitar el pabellón francés.
¿Qué queda de mi infancia? Quedan los
Caballitos de el Oeste, una atracción muy avanzada a su tiempo donde te paseas por un poblado de cowboys e indios pseudos-disneys montado en unos caballitos de plástico que hacen como que cabalgan pero en realidad te están dando por el culo.
Queda
El barco blanco cutre ese, que es un barco blanco cutre con pasillos oscuros donde el suelo se mueve de lado, y después arriba y abajo, y después tiene pinturas fluorescentes en las paredes y la traca final es un túnel redondo de la friolera de metro y medio que da vueltas. Terror psicológico vaya.
I, gracias a Dios, queda
La selva de Tarzán, donde montado en una barca te paseas por un canal que recorre la selva. La verdad es que todo el decorado está renovado, pero han sido fieles al original y aún está el Tarzan en su cabaña y un par de exploradores subiendo a un árbol mientras un rinoceronte les clava un cuerno en el culo y, sobretodo, se sigue pudiendo apreciar el ruido de los sistemas hidráulicos que hacen mover las figuras de cartón piedra.
¿Qué hay nuevo? Todo el resto, pero lo más impresionante es la colección de montañas rusas de última generación con las que se han equipado (en el parque temático de al lado también hay rusas) y que es lo que hace que el año que viene piense volver. En especial una que se llama
La Lanzadera y que no es una montaña rusa sino una columna altísima donde te sientas en un asiento que sube hasta arriba y mientras subes vas diciendo “Ay mira, si desde aquí se ve todo el parque” y después dices “Ay mira, si se ve la casa de la abuela” y después “Ay mira, si aquello deben ser Ceuta y Melilla” y entonces te sueltan y caes en picado y dices “Ay mira mecaguenlaostiavirgensantísima!!!”
Evidentemente, ya que estaba en Madrid, también aproveché para ver a
Amparo y a Conejito. Bueno, a Conejito menos porque estaba enfermo y se fue a casa temprano, cosa que me dejó a mí solo con Amparo y tres amigas suyas en medio de una discoteca de ragatone (???) y con la posibilidad de montar una bacanal de sexo salvaje o bien mantener una interesante conversación sobre métodos depilativos. Ganó la segunda opción por cuatro votos a uno. Y ¿queréis que os diga una cosa? La depilación láser a la larga sale a cuenta, que lo dice Amparo que se ha hecho las axilas y no paraba de levantar los brazos con orgullo. Dice que está ahorrando para las ingles, pero no sé si eso lo tiene pensado lucir de la misma manera.



martes, diciembre 04, 2007

Mallorca, ecstasy & lotion (Las historias de Tron)

En Mallorca nos estuvimos bastante rato viajando arriba y abajo, por suerte nuestro coche venia con un Tron de serie que te contaba historias entretenidas…



Historia 1: “Los pilotos son unos capullos”
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“Pero Tron, si tu estás estudiando para ser piloto”, “Ya, si cuando lo sea también seré un cabrón, pero es que ahora me toca los huevos”.

Resulta que Tron es el encargado de preparar los aviones de Air Messerschmitt para volar (combustible, comida, azafatas cachondas…) y para hacer esto tiene que hablar con los pilotos para saber el plan de vuelo y cuanto combustible necesitan. Lo que pasa es que muchos pilotos son antiguos oficiales de la Luftwaffe que se han pasado al transporte civil porque ya no les dejan bombardear Londres, pero continúan acostumbrados a ladrar las órdenes.

Un día Tron se encontró a uno especialmente capullo que le decía que estaban en Air Messerschmitt y que porqué no le hablaba en alemán. Tron le dijo que sobretodo porque no sabía, y también porque el idioma internacional en aviación es el inglés y es el único que está obligado a hablar. El piloto le volvió a pedir que hablase en alemán y Tron le pidió que se fuera a la mierda.

Durante los cinco minutos siguientes el piloto se estuvo quejando de Tron a Control, durante los cinco segundos siguientes Tron explicó a Control lo que había pasado, después Control se pasó diez minutos preguntándole al piloto porqué era tan capullo y finalmente Control mandó a Tron de nuevo al avión. Él muy educadamente dio las gracias al piloto por el descanso de 15 minutos, en inglés.

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Historia 2: “Los pasajeros son unos capullos”

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Pues resulta que había retrasos en los vuelos y los pasajeros que esperaban para embarcar empezaban a mostrar síntomas esquizofrénicodepresivos, de manera que Tron (defender of the nenas) decidió echar una mano a las azafatas (cachondas) y se ofreció a anunciar la buena nueva de que nadie volaba hasta al cabo de un dos tres responda otra vez. Uno de los pasajeros esquizofrénicodepresivos, que no se había tomado ninguno de los tranquimazines que regalaban en los mostradores de facturación, fue hacia Tron, le cogió del cuello de la camisa y le dijo “Tú no te vas de aquí hasta que me digas cuándo sale mi vuelo”. Tron le cogió la tarjeta de embarque que le sobresalía del bolsillo de la americana y le dijo “Pues tú no vuelas” y se fue.

Una hora después, diez minutos antes de que los esquizofrénicoantidepresivodependientes entrasen al avión, Tron se acercó al tronado violento, que ya había dejado de sacar espuma por la boca y estaba muy triste porque no se podía cortar las venas con el trozo de vaso de plástico que había afilado. Le devolvió el billete (que Tron es un trozo de pan, un poco cabrón pero pan) y el colega le prometió que su primer hijo varón llevaría su nombre.

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Historia 3: “Los ingleses son unos capullos”

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Tron tenía su avión listo y cargado, a excepción de cinco pasajeros. Como nadie respondía a los avisos de megafonía, finalmente retrasaron el vuelo para buscar las cinco maletas y descargarlas. Cinco minutos después cinco hooligans borrachos se acercaban tranquilamente a la puerta de embarque. Tron avisó por el walkie-talkie de que dejasen las maletas tranquilas y después se giró hacia las azafatas (cachondas) y les dijo que cerraran la entrada al avión. A Tron no le gustan los hooligans. Cabe recordar que estuvo presente en el tema Christopher, donde se llevó un escupitajo con sangre y un puñetazo con cicatriz de regalo en el jeto (moraleja: no le devuelvas el móvil que se le ha caído a un pavo que está intentando pegar a un amigo tuyo). Se lo llevó todo sin pagar un duro, pero de todas maneras no se quedó satisfecho. Si a esto le añadimos que Tron se pasó dos años trabajando en un restaurante de Londres aguantando las exigencias pijas de ingleses pijos, pues probablemente se entiende porqué decidió equilibrar un poco la balanza a su favor.

Los guiris adolescentes llegaron cantando y empujándose y le presentaron las tarjetas de embarque. Tron los miró extrañado, miró los billetes extrañado, volvió a mirar a los hooligans y entonces, cuando ya empezaban a poner cara de preocupados, señaló por la ventana a un avión que despegaba y les dijo que aquél era su vuelo que se iba sin ellos y que buenos días y que adiós.

Cuatro dejaron de reír y el quinto se puso a llorar. Le empezaron a explicar que no tenían dinero para ningún otro billete y que sus maletas estaban en el avión y Tron les dijo que mala suerte, que tenían que haber embarcado a tiempo y que ahora se tendrían que esperar a que les devolvieran las maletas y que no le molestasen más que tenía trabajo. Se ve que los vuelos de avión van por tandas porque tiene que haber no se qué margen de tiempo entre vuelo y vuelo. Por eso si un avión no sale a su hora, aunque al cabo de 15 minutos esté listo, se tiene que esperar a que le puedan dar otro espacio en la pista. En este caso, y gracias a los niños borrachos, el avión se tenía que esperar cargado y con todos los pasajeros dentro una hora y media para poder despegar. Y éste es el tiempo que Tron tuvo a los hooligans esperándose delante de la puerta de embarque preguntándose si alguna vez volverían a ver a sus familias desestructuradas. Diez minutos antes de la hora Tron abrió la puerta y les dijo que pasasen para dentro volando, los hooligans dudaron entre si darle un beso en la mano o en los pies.

Lo que más me sorprende de cuando gasta estas putadas es que al final la gente le acaba dando las gracias.

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Historia 4: “Los polacos me caen bien, pero a veces son unos capullos”

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A Tron le había tocado recibir un avión de Central Wings, que se ve que es una compañía famosa entre los trabajadores del aeropuerto por las polacas que trae a Mallorca. Tron estaba admirando el material de importación cuando una pareja le pidió si les podía dar el coche del niño. Tron les explicó que las normativas del aeropuerto prohíben la utilización de los cochecitos en las pistas y que se tendrían que esperar a llegar a la Terminal. La mujer se le rebotó y empezó a exigir el cochecito, cosa que Tron se tomó bastante bien porque mientras escuchaba le iba mirando las tetas, pero entonces el marido también empezó a reclamar el cochecito y a gritar cosas en polaco y Tron empezó a escuchar palabras familiares.

Todo el mundo que haya vivido en Londres se ha relacionado con polacos, y todo el mundo que se haya relacionado con polacos sabe que kurba quiere decir “puta” (si los de Vic lo cardan todo, los de Polonia lo kurban). De manera que Tron puso cara de haberlo entendido todo, les dijo "Ma letxepomis; di pier dalay” y se fue.

Mientras Tron se estuvo relacionando con polacos se preocupó de aprender frases útiles como Tienes unos ojos preciosos. Pero la que le ha hecho mejor servicio es "Ma letxepomis; di pier dalay” (Tengo una idea mejor, iros a tomar por el culo).

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Historia 5: “Las azafatas son unas cachondas” (y que conste que él lo encontraba muy positivo)

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Tron me guiñó el ojo desde el retrovisor del coche y dijo “I sabéis que, pues que resulta que la fama de cachondas que tienen las azafatas es verdad, me lo ha dicho todo el mundo…”. Amparo murmuró “Vaya guarras...” y yo sonreía de oreja a oreja mientras él continuaba “...bueno, de hecho a mi una vez...”.
Tron no ha sido nunca de dormir mucho, pero desde que ya no se droga aguanta menos. Le estaba costando mantener los ojos abiertos para acabar de preparar un avión y decidió recorrer a alguna sustancia legal, se acercó muy educadamente a una azafata (especialmente cachonda y un poco sorda) de Air Messerschmitt y le pidió si le podía
“spare some coffee, please?”. Ella dijo que se esperase un segundo y cuando volvió en lugar de traer una taza le dio un papel con un teléfono y le dijo “Éste es mi hotel, estaré hasta pasado mañana, llámame y tomamos ese café”.
La pava no dominaba mucho el inglés y le había entendido mal, o entendió lo que quiso, pero Tron pensó que mejor no corregirla.
Cuando al día siguiente se presentó en el hotel tampoco consiguió tomar ningún café, pasaron directamente al sexo oral.




Mallorca, ecstasy & lotion (1 de 3)
Mallorca, ecstasy & lotion (2 de 3)

Mallorca, ecstasy & lotion (3 de 3)

sábado, noviembre 24, 2007

Mallorca, ecstasy & lotion (3 de 3)



Todo tiene un final, pero para acabar de rematar unas vacaciones singulare
s, tuvimos un final plural. Que es una manera de decir que tuve que ir dos veces al aeropuerto. Primero para decir adiós a Amparo, que se iba antes, y al día siguiente para despedirme yo mismo de mí personalmente.
En el trayecto para llevar a Amparo al aeropuerto decidimos que sería bonito hacer una última demostración de aquello que ya habíamos convertido en un clásico del viaje: intentar colarle alguna parida como ejemplo de tradición mallorquina. Bueno, en realidad no lo decidimos, es simplemente que Amparo nos preguntó qué quería decir la palabra “Recordi” (recuerde) que aparecía debajo de las señales de peligro de desprendimientos. Hacía días que Tron había agotado el tema de los peces, de manera que optamos por la lingüística y le dijimos que, de tantos años de convivir con los guiris, había ciertos anglicismos que los mallorquines habían ido adoptando. Como por ejemplo el “Recordi”, del inglés to record y que quería decir que estabas cerca de un buen mirador y que preparases la cámara para grabar. Nos quedamos un rato esperando a ver si Amparo hacía alguna foto, pero ella se limitó a decir que éramos unos capullos.

Como el viaje iba de clásicos, Tron decidió hacer su ritual del coche que se basa en:
A: Enchufarnos por millonésima vez el Cd de unos amigos suyos que tocan música soy-popero-y-más-moderno-que-el-rayo-láser. No es que no me guste el grupo, digamos que en realidad, después de escuchar el puto Cd non-stop durante una semana, soy más consciente de cómo es de maravillosa la vida cuando hay un silencio y escuchas al viento y las nubes cual anuncio de compresas.
B: Explicarnos historias para no dormir de su vida. Y esto ya me gusta más, para empezar porque así le puedo decir que baje la música que sino no le oigo. Y también porque sé que las historias de Tron tratan o bien de sexo, o bien de violencia, o bien de sexo y violencia. Una vez nos explicó una que iba de un amor platónico y de unos poemas que escribía, pero al final descubrimos que se lo estaba inventando.
Esta vez eligió explicarnos unas cuantas anécdotas de su trabajo en el aeropuerto, que básicamente consistía en rebotadas con peña, rebotadas con peña que se le rebotaba y follarse a una azafata d’Air Messerchmitt. Me encanta escuchar a Tro
n.
Al día siguiente puede comprobar yo mismo que en aquél aer
opuerto pasan cosas curiosas. Sobretodo en el lavabo donde, mientras estaba haciendo la meadita, descubrí que alguien se había reventado un grano enorme, o experimentado un episodio desastroso de hemorroides, o escenificado una versión adaptada de “Tu madre se ha comido a mi perro”. La cuestión es que la pared estaba salpicada de sangre.

Pero lo que me llamó más la atención fue que, a parte de mí, nadie llevaba su caja octogonal reglamentaria de ensaimada. Todo el mundo sabe que no te dejan salir de Mallorca si no llevas una caja de esas, pero al resto de los guiris se ve que nadie se lo había explicado.
Tuvieron suerte de que con mi ensaimada, mis tres kilos de sobrasada de Muro que lo flipas, mis cinco paquetes de quelis y el medio kilo de galletons que la madre de Barbarella me había regalado, yo solito ya sumaba los puntos necesarios para todos y dejaron embarcar a todo el mundo. Si no llega a ser por mí la economía mallorquina se va a la mierda.
Y para acabar de ver cosas fuera de lugar, voy y me encuentro que en mi avión también estaba Farruquito. No el piloto de rallys, sino el Farruquito de la Bowden.
Bowden Court, La Bowden para los amigos, es el hostel donde pasé mi primer año en Londres y donde conocí a Tron, a Bakerin, a Conejito y a Amparo y a gente mucho peor.
Farruquito era un tio de Mallorca que trabajaba ahí y que se ganó el mote con sus maravillosas melenas rizadas. Durante un tiempo había gente que le llamaba Ronaldinho, porque a demás de tener buen gusto era guapo, pero finalmente se quedó con Farruquito, aunque al cabo de poco se cortó el pelo. Con esto no consiguió acabar con la broma, pero p
or lo menos le quedaba mejor.
Farruquito me explicó que seguía en la Bowden y que todo estaba más o menos igual, normalidad que se refiere a que continúa siendo un refugio de tronados, y digo
tronados en el sentido más clínico y diagnosticado de la palabra. Las novedades son que ahora tienen plaga de chinches y que Farruquito es el cocinero. Que un tio que trabajaba de animador en los hoteles de Mallorca sea el cocinero sólo se entiende si tenemos en cuenta que su predecesor era electricista de profesión. “Aquí el más tonto hace relojes” que decía siempre Bakerin.
Y finalmente llegué a Londres, con una maleta cubierta de azú
car de ensaimada y todos los yonkis de el N29 mirándome con cara de envidia y planteándose si sería muy difícil matarme y quedarse con el material.
Suerte que yo no me daba cuenta porque estaba demasiado absorto pensando en un bareto de Mallorca donde te puedes beber un cubata en una tumbona mientras el sol se pone delante de ti.



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Mallorca, ecstasy & lotion (Las historias de Tron)

jueves, octubre 25, 2007

Mallorca, ecstasy & lotion (2 de 3)


Una semana de pasarse todo el día juntos da para conocer mucho a la gente, no que con Amparo y Tron fuéramos precisamente desconocidos, pero una semana de ser culo y mierda da para mucho.
Amparo… bueno, no sé cómo decirlo o sea que lo diré y ya está: Amparo fuma palos de chupachups.
Cuando iba al instituto recuerdo que durante un tiempo se puso de moda la cultivada y exquisita expresión
“¿Pero tú eres tonto o es que fumas chicle?”. No le acabé de encontrar nunca el sentido, de la misma manera que no se lo encontré al comportamiento de Amparo.
Resulta que estábamos en casa de Tron, ya con los pijamas puestos y charlando un poco sobre qué haríamos al día siguiente. No sé qué le preguntamos a Amparo, pero ella antes de contestar chupó el palo de plástico del chupachups que ya se había acabado, se quitó el palo de la boca como si se tratase de un piti, exhaló el
humo, sacudió la ceniza y entonces habló. Tron y yo nos quedamos mudos. Tron, a demás, visiblemente nervioso y mirando por la habitación a ver si veía alguna cosa de la que poder decir que era un pez para cambiar de tema; Amparo mirándonos con cara de sorpresa y un poco molesta de que la estuviéramos mirando fijamente y señalándo con el dedo; y yo con ganas de chillar “¡Dios mío! ¡Dinos como te podemos ayudar! ¡Dios Mío! ¡¡Reacciona!! ¡Eso que tienes entre los dedos es un trozo de plástico y ni tan siquiera está encendido! ¡¡Dios mío!! ¡¡Que todo el mundo mantenga la CALMAAAA!! ¡¡¡¡DIOS MÍO!!!!” y después tomarme un par de valiums o fumarme un chupachups para tranquilizarme.
Amparo, cansada de tener dos bobos señalándole la mano, finalmente dijo “¿Qué? ¿Qué pasa?” Y Tron me miró como diciendo “¿Se lo dices tú o se lo digo yo? Y yo la miré en plan “¡¡Dios mío!! ¡¡¡Que te estás fumando un chupachuuuuuuuuups!!!” y le dije “¡¡Que te estás fumando un chupachuuuuuuups!!”
Ella contestó “Ya lo sé”, como si le hubiera dicho una cosa muy obvia como
los donuts tienen un agujero en el medio y hombre, la verdad es que tenía razón, lo que había dicho era muy obvio… pero no normal.
Lo que pasa es que Amparo había aprovechado el cambio de Londres a Alcorcón para dejar de fumar, siguiendo los pasos de Tron, que también dejó el vicio en Inglaterra. Según ella, si aprovechas que cambias de vida para dejar de fumar, se hace más fácil, pero aún así necesita el recurso del chupachups para quitarse el mono. La verdad es que al día siguiente vimos cómo también utilizaba un recurso complementario, que consistía en fumar cigarros, pero no sé si esto se puede considerar muy efectivo para dejar de fumar.
Finalmente, pudimos ir a dormir con la tranquilidad de que nuestra amiga no era una loca, sólo una yonki.
Al dia siguiente, mientras íbamos en el coche, Tron decidió tomarle el relevo a Amparo en el concurso “
Tus amigos te empiezan a dar miedo” y decidió compartir unas confesiones de juventud con nosotros, para amenizar el trayecto.
Tron empezó “Es que yo tenía un amigo que era una mala influencia…” pero hubiera sido más correcto decir “Es que yo tenía un amigo que era un psicópata asesino tronado que le gustaba bañarse en sangre humana…” pero bueno, es la historia de Tron y él es más humilde con los calificativos.
Resulta que Tron tenía un amigo que era una mala influencia y entonces cuando estaban juntos y se aburrían (y esto prueba que no son las videoconsolas si no la falta de ellas lo que propicia tendencias psicópatas) pues se buscaban juegos entretenidos y a poder ser que involucrasen algún tipo de muerte violenta. El amigo de Tron tenía una jaula para atrapar ratas (de esas trampas para ratas normales y corrientes que todos teniamos de pequeños) y entonces cuando atrapaban a una la rociaban con gasolina, la encendían y entonces abrían la jaula. Según Tron era como ver un coche teledirigido con el turbo puesto. Si era de noche molaba más.
A estas alturas Amparo y yo ya empezábamos a tener una sonrisa nerviosa y entonces Tron dijo “Y ¿os acordáis de los pollos que os he enseñado en mi terreno?...”. Sí que me acordaba. En Muro hay un sitio llamado Can Tron y que es un trozo de terreno bastante grande con una casita y jardincillo que es la alegría y el orgullo de Tron padre. Es donde hacen la matanza del cerdo e innumerables comidas y cenas y donde tienen los perros de caza. Tron nos llevó y nos lo enseñó y yo le pregunté que cómo era que no tenían pollos teniendo tanto espacio. “¿Cómo que no tenemos pollos?” me dijo, y me llevó hacia el corral y bueno… sigo pensando que no tiene pollos. Lo que yo compro en el
Kiki Pollo de mi barrio son pollos asados, lo que Tron tiene en su corral son una especie de dinosaurios culturistas con plumas que han abusado de los esteroides.
Pues resulta que Tron tenía un amigo que era una mala influencia y que tenía una escopeta de balines, pero le faltaba un poco de inteligencia deductiva a la hora de escoger las dianas. Un día que se aburrían y tampoco tenían Supernintendo, el amigo decidió ir a matar a pollos y claro, porqué ir más lejos si ya tienes pollos en casa. Pelaron a 10 de Can Tron y 10 de Can Psychokiller y descubrieron que una gallina es capaz de seguir corriendo aunque le explotes la cabeza (y también que el cuadro “Saturno devorando a sus hijos” está basado en un señor que tenía pollos e hijos tronados).

Pero estas cosas ya no las haces, ¿verdad?” Fue el comentario de Amparo mientras con una mano cogía discretamente la maneta de la puerta, preparada para saltar del coche en marcha dependiendo de la respuesta.
Yo estaba demasiado ocupado haciendo cálculos para decidir cuál de mis dos colegas era el más original.


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Mallorca, ecstasy & lotion (Las historias de Tron)

domingo, octubre 21, 2007

Mallorca, ecstasy & lotion (1 de 3)



Las vacaciones siempre son guays, básicamente porque no trabajas, pero para mí una semana en Mallorca ha sido especialmente significativa, porque por primera vez en tres años se puede apreciar una ligera diferencia de color entre mi espalda y mi culo.
Llegué a Palma y nada más salir del avión me encontré con Tron disfrazado de walkie-talkie que me decía “¡Ey, qué pasa!”. Resulta que trabaja en el aeropuerto y ya me había dicho que vendría a decir hola cuando aterrizara, pero no me esperaba que viniera hasta la misma puerta del avión. Nos saludamos y entre abrazo y abrazo él cogía el walkie-talkie e iba diciendo cosas como "Correcto, tres cuatro siete listo y cerrado" y yo me preguntaba cuánto le deben pagar por decirle tonterías a una caja con antena.
Después cuando llegué a la Terminal me encontré a la Barbarella, otra mallorquina colega de Londres. Y es que esta es la gracia, que entre ella y Tron me estuvieron paseando por toda la isla. Me gustaría decir que, gracias a su íntimo conocimiento de Mallorca, me llevaron a rincones paradisíacos escondidos y exclusivos, pero en vista de que la frase más repetida por Tron fue “¡Hostia qué bonito, tendría que haber venido antes!", me parece que esta no fue la razón. De todos modos no hacía falta, porque aquello está lleno de paisajes de película, y entre esto y viejos amigos (Amparo también vino des de Alcorcón) el viaje fue memorable.
Tron se pasó la semana explotando la vertiente dominguera de Amparo e intentando convencerla de las cosas más estúpidas. Todo empezó cuando paseando por la playa encontró un trozo de plástico de aquellos que aguantan un pack de seis coca colas juntas y dijo “Mira Amparo, esto es un utensilio de pesca tradicional mallorquina”, a lo que ella respondió “Ay, ¡qué interesante!”. Lo que pasa es que Tron se emocionó con su éxito inicial y al cabo de un rato señaló una bolsa de plástico que flotaba en el agua y le dijo “Ves, y esto es un pez bolsa, que es lo que se pesca con lo que te he enseñado antes”. La primera reacción de Amparo fue preguntar excitada donde estaba el pez ese, hasta que vio la bolsa y se cagó en Tron. A partir de ese momento cada vez que Tron se encontraba alguna cosa decía que era un tipo de pez, como por ejemplo el pez cuña (que era eso, un trozo de madera con forma de cuña), que según Tron era el estado larvario del pez bolsa. La incredulidad de Amparo fue aumentando gradualmente hasta que optó por asumir que todo lo que decíamos era mentira, y entonces para ver qué nos inventábamos nos preguntó “A ver, y ¿esto que es?”. Era un hueso de calamar y se lo dijimos y ella nos miró y nos dijo que no era tonta, que los calamares no tienen huesos. Supongo que el hecho de que yo añadiera que era el órgano que los calamares usaban para producir la leche de soja, del latín sojantum que quiere decir calamar, no ayudó a que nos tomara en serio. Pero la cuestión es que si que era un hueso de calamar. Le intentamos explicar que los calamares no son redondas rebozadas que nadan por el mar, pero no hubo manera.
A parte de intentar instruir a Amparo, el viaje nos sirvió para descubrir componentes esenciales de la vida político-socio-cultural de Mallorca. Por ejemplo, Tron nos hizo una pequeña demostración de la sabiduría popular autóctona sobre los posibles usos alternativos del azúcar de las ensaimadas aplicado al ámbito de los estimulantes de vía nasal.


Descubrimos que los municipales de Mallorca luchan activamente por el reconocimiento de los derechos de la comunidad homosexual vistiendo orgullosamente los coches de patrulla con los colores de la rainbow.


Comprobamos que en la bonita villa de Deià la propiedad privada va más allá de la muerte y que mejor dejarlo bien claro, no sea que a alguien se le pase por la cabeza chorizarte la lápida mientras descansas.


Y también que hay gente que después de muerta decide cambiarse el nombre y la fecha de nacimiento.
(Y Amparo, que dice que el català és fàcil, nos preguntó que “¿por qué en la lápida dice que descansa en Pau si está enterrado en Deià?”).


Y en Soller y en Palma se ve que aún tienen afición a la ornitología y tienen monumentos a cosas.



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Mallorca, ecstasy & lotion (Las historias de Tron)

miércoles, febrero 07, 2007

El neng de Ipswitch

Christopher T. Kerr es un tio con el que me pegué el verano pasado. Dos años en Londres sin que pase nada y un fin de semana que voy a Ipswitch, un pueblecito a hora y media del norte de la ciudad, acabo a hostias.
Kerr era un hooligan de estos que van sin camiseta por la calle que decidió que le estaba mirando y que por eso me merecía una hostia. Además de ser un hijo de puta, iba bastante drogado. No tenemos claro con qué, pero en opinión de Tron, el especialista en estupefacientes de la pandilla, tenía que ser algo más que vino bueno. Esta apreciación viene dada por la capacidad de Christopher de encajar hostias y por la facultad de reventar puertas de cristal con los puños. No tenemos claro si además tenía la vista afectada o simplemente era racistaa unos niveles muy originales, porque no paraba de decirme “negro de mierda”
Concretamente la frase era “No huyas, que yo estoy sangrando pero no me voy porque soy británico y tu eres un negro de mierda, ven aquí negro!”. Sinceramente creo que sería más apropiado referirse a mi tono de piel como “blanco rollo invierno nuclear de mierda”, pero bueno, se acepta el cumplido.
Al final de la bronca, no sufráis, él fue quien acabó comiendo sopas y durmiendo en comisaría. Y entonces la sorprendente maquinaría justiciera de Su Majestad se puso a funcionar. En dos meses el colega estaba listo para sentencia. Kerr tuvo que pagar el juicio (45 libras, se ve que van baratos aquí), compensar con 100 libras a mi y dos más que recibieron, estar bajo supervisión seis meses, hacer 120 horas de trabajo comunitario no remunerado y damos por supuesto que tuvo que pagar la puerta de cristal del Nero.
Pues bien, durante todo este tiempo no he sabido en qué gastarme las 100 libras. De entrada pensé que Cristofer me pagaría la travelcard de un mes (99,50 libras) ya que el precio era perfecto, pero después pensé que era una cosa demasiado banal, que no me quedaría nada de recuerdo (y también que ahora la travelcard ya cuesta 105,29 libras para celebrar el año nuevo).
Finalmente he llegado a la solución perfecta. Me he comprado un saco de boxeo.

domingo, enero 07, 2007

The sorrow of Principe

El vuelo de vuelta a Inglaterra fue normal, sin happy hours ni nada que los de Ryanair son conscientes de que por Navidad ya se hacen demasiados excesos, de manera que me dediqué a leer. Gracias a nuestro señor glorificado que vela por nosotros con su gracia infinita, finalmente me acabé el megaladrillo (no por largo sino por duro) de “The sorrow of war”, así que el resto del viaje me lo pasé buscando lecturas alternativas.
La primera fue el cartel explicativo de las normas de seguridad en caso de emergencia. Normalmente estas instrucciones vienen en una hoja plastificada que puedes encontrar en el bolsillo con revistas y la bolsa para vomitar que hay en el asiento de delante, bajo la mesita plegable. Pero en Ryanair el centímetro y medio que ocupa eso es la diferencia entre que claves las rodillas en la espalda del tio de delante o no. De forma que nada de porta-revistas, las instrucciones están pegadas al asiento y punto (Y así solo ocupa 0,1cm, mireusté!). El tema de la bolsa para vomitar no está resuelto, supongo que llegado el caso se espera que te guardes la potada en los bolsillos.
La lectura, aunque nada original, era infinitamente más entretenida que el libro. La verdad es que siempre me ha hecho gracia que los aviones estén equipados con toboganes hinchables y, si algún día me toca utilizarlos, cuando llegue abajo seguro que le pido a la asistente de vuelo si me puedo volver a tirar. Pues bien, leer siempre es bueno para aprender cosas nuevas y, mira por donde, para utilizar los toboganes está prohibido llevar zapatos de tacón y joyas, lo que puedo entender porque podrían desgarrar la tela y los que vienen detrás se tendrían que conformar con jugar con los chalecos salvavidas. Pero lo que descubrí es que las dentaduras postizas también están prohibidas en los toboganes, a lo que no puedo encontrar ninguna explicación minimamente razonable. La próxima vez que vuele levantaré la mano y lo preguntaré.
Una vez acabado de leer esto pasé a una cosa más intelectual. Empecé con lo que había impreso en el paquete de galletas Príncipe que mi madre me había comprado para el viaje. Y cual fue mi sorpresa cuando empiezo a leer y me encuentro el mensaje: +sabor, receta mejorada. Los tiempos cambian y príncipe también.
Qué putada. El sabor de las Príncipe no puede cambiar, de la misma manera que sería una tontería cambiar el sabor de la Nocilla, del Colacao o de la cola de los sellos de correos. Abrí el paquete, mordí una y efectivamente, el sabor de las Príncipe a tomar por saco.
De vez en cuando aparecen en el buzón del E-mail mensajes explicando momentos estelares de la historia del marketing. Mi preferida es la del tío que ahorró diez mil millones de billones simplemente quitando una oliva de las ensaladas que se servían en no sé qué compañía aérea. Pero la mega clásica es la de la Cocacola.
Los marketineros de la Coke deciden reformular la receta de la Cocacola y hacen una campaña de la hostia para promocionar el nuevo sabor. Los yankis van al super, encuentran la nueva Cokeguay pero descubren que no pueden comprar la de toda la vida de manera que todo el mundo se caga en la nueva receta y entonces la Cocacola tiene que volver a sacar al mercado lo que ahora se conoce como la Coke Classic.
Los de Ryanair si que leen este tipo de mails y toman ejemplo y llegan a la conclusión de que, si te puedes forrar quitando una oliva de las ensaladas, imagina la de pasta que puedes hacer si suprimes el papeo en general y, puestos a hacer, también envías el bolsillo de las revistas a tomar por saco.
Los de Can Beukelaer en cambio envían este tipo de mails a la bandeja de no deseados y me cago en tó que ahora las galletas son un trunyo. Las galletas de toda la vida son un trunyo. Las galletas de t-o-d-a-l-a-v-i-d-a. Las galletas que yo me compraba a ca l’Oller cuando iba para el cole porque era el almuerzo más grande que te podías comprar con 20 duros.
No es una buena manera de empezar el año. Sobre todo si sabes que en cuanto llegues a Londres te espera Livingston con otra de sus flipadas en la subida de las travelcards. Que se ve que este hombre tiene una idea un poco distorsionada de cómo celebrar el año nuevo.
Por lo que a mi respecta, el día que salgan al mercado las Príncipe Classic me plantearé volver a Barna.

jueves, diciembre 28, 2006

Vuelve a casa por Navidad

Yo: Bien, y yo ¿dónde dormiré?

La mama: En el suelo.

Yo: Jajajajajajaja!!

La mama: (...)

Yo: (Si es que mi madre tiene unas salidas...)

La mama: (...)

Yo: (Vale,¿ pero me dices donde dormiré o no?)

La mama: ...o si quieres en el sofá.

Yo: (¡¿Apetejarl?!) ¡¿Apetejarl?!

viernes, septiembre 29, 2006

Party plane

En Ryanair pagas poco, por eso te cobran tanto si levas sobrepeso, pero han descubierto que hay maneras mas aleres de hacer negocio. Quando despegamos sono la oferta por megafonia: “Queridos pasajeros, les recordamos qe tenemos una bonita selección de apertivos y bebidas a bordo. Por lo que se refiere a las bebidas alcoholicas tenemos vodka, martín y wijky. Recuerden que al comprar cualquiera de estas bebidas recibiran otra gratis”.
Perfecto, he pillado la happy hour de Ryanair, pense, si empezamos a volar haciendo eses ya se que es lo que pasa.